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SURGITE - Gacetilla Semanal de Revista Cristiandad.org   SURGITE - Gacetilla Semanal de Revista Cristiandad.org

+ Ejus in obitu nro praesentia muniamus

  Edici�n N�mero 13 - A�o I

Sante Michael Archangele, defende nos in proelio; contra nequitiam et insidias diaboli esto praesidium. Imperet illi Deus;supplices deprecamur: tuque, Princeps militiae coelestis, Satanam aliosque spiritus malignos, qui ad perditionem animarum pervagantur in mundo, divina virtute in infernum detrude. Amen.  GACETA  

  SEMANAL

Martes, 6 de febrero de 2004 | Desde octubre, todas las semanas, los d�as viernes, Revista Cristiandad.org prepara para usted una cuidadosa selecci�n de material de formaci�n general,

pensado en forma de contenidos breves y de sana doctrina. Surgite! y Revista Cristiandad.org son publicaciones fieles al magisterio tradicional de la Iglesia.

 

 

 

 

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CONTENIDO DE ESTA EDICI�N

 

 

Nota de la editora

� �Las causas de la impiedad y la respuesta de la traici�n�

 

Milagro de la semana

� Exquisita caridad

 

Diccionario cat�lico

� Anatema

 

Santo de la semana

� Santa Escol�stica

 

Cr�tica de Arte

� El �ltimo Samurai

 

Advocaci�n Mariana

� Nuestra Se�ora del Carmen de La Legua

 

Ficha de Sectas

� Luz del Mundo

 

Santos desconocidos

� San Thorfinn de Hamar

 

Conocer para opinar

� Tabern�culos flotantes

 

Calendario devocional

� Oraciones antiguas a Nuestra Se�ora de Lourdes

 

Palabra de Santo

� Perfecta humildad

  

Origen de una Orden

� Hermanas Adoratrices de Sant�simo Sacramento

 

Breves de actualidad

� Cumbres: �socialismo y muerte?

  

Santuarios

� Santuario de Nuestra Se�ora de Walsinghan

 

Meditaci�n sugerida


� Copyright 2003 por Revista Cristiandad.org. Todos los derechos reservados. Se autoriza la reproducci�n total o parcial de los contenidos de este bolet�n solicit�ndolo por e-mail y citando la fuente.

 

 

    SUGERENCIA

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IHSV

 
   

 

 

CORRIAN LOS TURBULENTOS DIAS DEL SANTO CURA DE ARS. A su iglesia se acerca una figura torva, de nervios endurecidos y frente orgullosa. Con soberbia altiva, el �venerable hermano� de levita corta el paso del buen sacerdote. En palabras sonoras, le dice que acude a �l por su fama y ciencia, para derribar en su persona todos los mitos y supersticiones de la Iglesia. Y a paso seguido, declar� que deseaba poner en duda algunos misterios de la Religi�n.

Al celoso var�n le brillaron los ojos y con una dulce sonrisa le contesto: �Confi�sate Primero y luego no s�lo resolver� tus dudas sino que te prometo que quedaras completamente satisfecho�. Sea por el toque de la gracia o bien porque no estaba del todo con mala voluntad, el infeliz sujeto se confes�. Y muy bien. Al recibir las palabras de absoluci�n, el Santo Cura le invit� a desplegar las dudas para responderlas una por una. El pobre hombre ech� a llorar. ��Ay!, padre�, respondi� con l�grimas en los ojos, ��qu� dudas he de tener! �Santa, pura y verdadera es la religi�n: yo era el malvado, el necio y el pecador!�. Las aguas cristalinas del perd�n borraron todas las oscuras manchas del pecado y, libre de las cadenas esclavizadotas del vicio, se deshicieron las tormentosas nubes de la incredulidad. La contrici�n liberadora seren� aquella alma y pudo ver con toda claridad la verdad cat�lica. La verdad �nica y excluyente de la Santa Iglesia. Se encontraba libre de todo inter�s ruin e inconfesable, consentidor de sus malas pasiones.

Confesiones semejantes se escuchan a los pies del tribunal de penitencia, de labios de pecadores aut�nticamente arrepentidos y conciente de sus culpas y cr�menes. Palabras escuchadas de otro ac�rrimo enemigo de la Iglesia, que por su profundidad y devota unci�n deber�an unirse las nuestras en profesi�n de fe: �La Religi�n cat�lica�, dec�a,�muy buena es y muy buena me parec�a; pero yo la miraba como contraria y enemiga, porque condenaba mi conducta, que no era por cierto la que deb�a ser. Desde que me propuse en mi coraz�n buscar de veras el camino de la verdad y de la virtud, entend� clar�simamente que no se hallaba la verdad sino en el seno de nuestra celestial y pur�sima Religi�n�

La presente crisis de fe, inaudita por su profundidad y extensi�n a todos los campos de acci�n y presencia humana, no puede ser resuelta sin una clara afirmaci�n de la santa doctrina tan urgente como una seria reforma moral y de costumbres de la compenetraci�n penitente que solicit� Nuestra Se�ora a los bienaventurados pastorcitos en F�tima, a principios del siglo XX.

La coherencia doctrinaria y moral es la �nica garant�a en el apostolado. Sin santidad es imposible dar luz a las perlas exquisitas que brindamos al mundo. Como vitrinas apagadas, los tesoros invaluables que recibimos de la fe de nuestros padres son ocultados y hasta rechazables. Si las causas secretas de la impiedad son los apegos a los vicios, las de la traici�n no son de una naturaleza distinta. La diferencia radica en la coherencia de la criatura. Hay quienes desean cambiar la religi�n para licenciar sus vicios y cr�menes y otros � m�s saludables por paradoja � deciden abandonar y combatir abiertamente la fe que les reprueba sus maldades y les propone la verdad y la virtud como �nica vida y camino posible.

Que Nuestra Se�ora bendiga a cada uno de ustedes en este a�o lleno de grandes amenazas y mayores expectativas.

In Domina

Cynthia Caden
Editora General | Revista Cristiandad.org
e-mail:

 

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� EXQUISITA CARIDAD | Santa Mar�a Francisca de las Cinco Llagas
   
   

Una vez que Mar�a Francisca hubo profesado se qued� a trabajar en la tienda de su padre, que no desaprovech� momento alguno para hacerla objeto de sus iras secundado por el resto de la familia. A pesar de ello, cuando su padre enferm� y se acercaba su fin Mar�a Francisca pidi� al Se�or que le concediese la gracia de padecer los sufrimientos de su padre, y no contenta con ello tambi�n pidi� sufrir en su lugar las penas del purgatorio. Huelga decir que ambas gracias le fueron concedidas, y Mar�a Francisca fue llevada a padecer el purgatorio de su padre, donde permaneci� hasta cumplir la condena, libr�ndolo a �l de sufrirla.

La muestra m�s evidente de su relaci�n con la divinidad fue que le concediesen los cinco estigmas, por lo que se la conoce como Santa Mar�a Francisca de las Cinco Llagas. Un sacerdote que las hab�a visto dijo: "No s�lo he visto sus llagas y las he tocado, sino que tambi�n he hundido en ellas mis dedos. Agujereaban por completo sus manos de tal modo que mi �ndice y mi pulgar pod�an unirse a trav�s de ellas".

Mar�a Francisca naci� en N�poles el 25 de marzo de 1715. A los cuatro a�os ya pasaba las noches rezando y a los diecis�is tom� el h�bito de la orden Tercera de las alcan.d x tarinas, que era una reforma de la orden de San Francisco debida a San Pedro de Alc�ntara. Para ello tuvo que enfrentarse con su padre, Francisco Gallo, que casi la mat� de una paliza por negarse a contraer matrimonio y luego la encerr� en casa hasta que intervino su confesor y logr� que la dejase profesar. Despu�s de muchos padecimientos por causa de sus familiares, encabezados por su padre y por cuantos la envidiaban por sus �xtasis m�sticos, falleci� el 6 de octubre de 1791. Su festividad se celebra el 6 de octubre.

 

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� ANATEMA | Definici�n
   
   

El t�rmino antiguamente indicaba las ofrendas hechas a la divinidad, y que eran suspendidas del techo o las paredes de los templos con el prop�sito de ser expuestas a la vista p�blica. As�, la palabra anatema de acuerdo a su etimolog�a significa una cosa ofrecida a Dios. Y este es el sentido con que se la utiliza en ocasiones en el Antiguo Testamento.

Pero como los objetos odiosos tambi�n eran expuestos a la vista (por ejemplo la cabeza de un criminal o de un enemigo, o sus armas), la palabra anatema pas� luego a significar una cosa odiada, o execrable, dedicada al p�blico aborrecimiento o destrucci�n.

Sin embargo, es el sentido de anatema impreso por Dios mismo en el siguiente pasaje del Deuteronomio (VII, 26) el que prevaleci�: "y no has de introducir en tu casa abominaci�n, para no hacerte como ello es, anatema. Det�stalo y abom�nalo como abominaci�n por ser cosa dada al anatema".

La severidad del anatema en el Antiguo Testamento es explicada por la necesidad que hab�a de preservar al pueblo jud�o y protegerlo, aun mediante la muerte, contra la idolatr�a profesada por sus vecinos paganos.

En cambio, en el Nuevo Testamento el anatema ya no implica muerte f�sica, sino espiritual, mediante la p�rdida de bienes o exclusi�n de la sociedad de los fieles. San Pablo frecuentemente usa esta palabra en el �ltimo sentido. En G�latas I, 9, dice: "Os lo he dicho antes y ahora de nuevo os lo digo: Si alguno os predica otro evangelio distinto del que hab�is recibido, sea anatema".

Anatema significa tambi�n ser agobiado con maldiciones. En los inicios de la Iglesia se adoptaba la palabra anatema para significar la exclusi�n de un pecador de la sociedad de los fieles; pero el anatema fue pronunciado principalmente contra los herejes. Todos los concilios, desde el Concilio de Nicea hasta los Vaticanos, han hecho uso del canon dogm�tico: "Si alguien dijera... sea anatema". Sin embargo, aunque durante los primeros siglos el anatema no parec�a diferir de la sentencia de excomuni�n, a partir del siglo sexto se hizo una distinci�n entre los dos. El Concilio de Tours decidi� que tras tres advertencias recitadas en coro del Salmo CVIII contra los usurpadores de los bienes de la Iglesia, caer�an bajo la maldici�n de Judas, y "que no ser� s�lo excomulgado, sino anatematizado, y puede ser golpeado por la espada celestial". Esta distinci�n fue introducida en los c�nones de la Iglesia, como est� probado por la carta de S.S. Juan VIII (872-82) en el decreto de Graciano: "Sabed que Engeltrude no est� solo bajo excomuni�n, que la separa de la sociedad de sus hermanos, sino bajo anatema, que la separa del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia". Esta distinci�n es encontrada en los primeros decretos, en el cap�tulo Cum non ab homine. Y en el mismo cap�tulo, hablando de las medidas necesarias a tomarse contra un religioso culpable de robo, homicidio, perjurio u otros cr�menes, dice: "Si, tras haber sido depuesto del oficio, es incorregible, debe ser primero excomulgado; pero si persevera en su contumacia, deber� ser golpeado con la espada del anatema; y si sumergi�ndose en las profundidades del abismo, alcanza el punto donde despreciara estas penas, deber� ser entregado al brazo secular".

En tiempos posteriores, S.S. Gregorio IX (1227-41) distingue la excomuni�n menor, o aquella que implica la exclusi�n s�lo de los sacramentos, de la excomuni�n mayor, que implica la exclusi�n de la sociedad de los fieles. �l declara que es excomuni�n mayor aquella que aparece en todos los textos en donde se hace menci�n de tal excomuni�n. Desde entonces no ha habido diferencia entre la excomuni�n mayor y el anatema, excepto por el mayor o menor grado de ceremonia al pronunciar la sentencia de excomuni�n.

El anatema permanece como una excomuni�n mayor que ha de ser promulgada con gran solemnidad. Aunque el anatematizado es entregado a Sat�n y sus �ngeles, puede todav�a, y es incluso compelido a arrepentirse. Incluso el Pont�fice da la forma de absolverle y que pueda reconciliarse con la Iglesia. La promulgaci�n del anatema con tal solemnidad tiene por objeto dar tanto temor al criminal que le traiga al estado de arrepentimiento. Para que pueda retornar al seno de la Iglesia, siempre se encuentra en la f�rmula de excomuni�n una frase como la siguiente: "A menos que se arrepienta, o d� satisfacci�n, o se corrija".

 

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� SANTA ESCOL�STICA | 10 de febrero
   
   

Su nombre viene del griego, y significa: "que pertenece a la escuela" (480-542).

Fundadora. Naci� en Nursia, Italia. Hermana gemela de san Benito abad, decidi� dedicar su vida a Dios, fund� un monasterio cercano al de Montecassino (fundado por su hermano), donde se le unieron piadosas damas. Adopt� la misma regla (que en la actualidad sirve de base a numerosas congregaciones). Se les conoci� como benedictinas, su vida era contemplativa (clausura), y adem�s de los votos de pobreza, castidad y obediencia, se obligaban a realizar dos horas de estudio y siete horas diarias de trabajo manual. Ambos hermanos se guardaban desde peque�os un gran amor fraternal; s�lo se ve�an una vez al a�o, justo antes de la cuaresma, para estudio y oraci�n, as� como para buscar acuerdos sobre la mejora espiritual de la orden de Escol�stica.

Su muerte aconteci� en el monasterio de Montecassino, dos d�as despu�s de haber sido visitada por su hermano (se dice que esta visita se prolong� por una terrible tempestad milagrosa que le impidi� retirarse para que pudiesen despedirse). Cuando muri� San Benito, fue enterrado en sepultura cercana a la de Santa Escol�stica. Es protectora contra tempestades y sequ�as. Su festividad se celebra el 10 de febrero.

 

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� EL ULTIMO SAMURAI | �The Last Samurai�, EE.UU., 2003 � 144 min.
   
   

MIRADA COMO SIMPLE FICCI�N HIST�RICA, la �ltima pel�cula protagonizada por Tom Cruise es una verdadera joya �pica. A gusto de no pocos cr�ticos y espectadores, en determinados aspectos � particularmente dramatismo de las confrontaciones - llega a superar la versi�n f�lmica de El Se�or de los Anillos. Se trata de una pel�cula de fotograf�a impecable, de una ambientaci�n irreprochable y de una construcci�n de relato y puesta en escena que supera a muchas de las producciones elogiadas por la gran prensa.

Las c�maras de Edward Zwick nos llevan al Jap�n en proceso de modernizaci�n, a fines del siglo XIX. Un veterano oficial americano vive destrozado pro los recuerdos de su lucha contra los indios acepta la misi�n de entrenar las tropas accidentalizadas del nuevo ej�rcito japon�s. La estupidez de sus superiores le env�a a un enfrentamiento con el enemigo destinado al fracaso. All� es prendido por los samurais rebeldes a la modernizaci�n y bajo este cautiverio comienza a apreciar las cosas de un modo distinto. Aprende a amar y respetar la mentalidad de sus originales enemigos y cuando �stos le ponen en libertad, el Woodrow Algren lucha de parte de sus captores. En un momento dram�tico, el l�der samurai se dirige al Consejo imperial, investido de sus derechos de ex Ministro. Ofrece al emperador su espada y su vida y ruega no le ordene actuar del modo que comprende no har� m�s que traicionar a Jap�n, su alma y tradiciones. En entorno pagano, es la m�s emocionante versi�n de la epopeya del Cid, presentando su vida a un rey tan incompetente como el Emperador japon�s. En una batalla final con tintes �picos, el pu�ado de samurais fieles a conceptos perdidos como el honor y la nobleza, se enfrentan a un numeroso ej�rcito dotado de armas modernas y letales. Bajo el fuego de metralla, los antiguos guerreros mueren con nobleza. Este martirio impresionar� al Emperador, informado por el �nico sobreviviente (Algren). El impacto del sacrificio har� que el monarca siga la sugerencia del ex oficial americano y rompa el contrato con Estados Unidos para comprar sus armas y modernizar el Jap�n.

Hasta ah� la creaci�n de ficci�n. Los hechos originales se diferencian tanto de la verdad como la intencionalidad de la cinta. Resultar�a impensable que un director liberal (extrema izquierda en Estados Unidos) como Zwick perdiera la oportunidad de unir los mitos antioccidentales y regarlos por un p�blico emocionado con el relato po�tico. A falta de formaci�n hist�rica y juicio cr�tico, el espectador sale con la impresi�n de que asisti� a un hecho hist�rico e incorpor� todos los esl�ganes revolucionarios.

El proceso por el que atravesaba Jap�n es mucho m�s complejo de lo que se resume en la pel�cula. Las reacciones y contradreacciones, los cambios de poderes y las influencias sobre el Emperador no ten�an relaci�n alguna con la caricaturizaci�n falsa e infantil de los ministros corruptos y el Emperador aturdido.

La guerra Boshin - el suceso que pretende narrar Zwick - se centra en Saigo Takamori (Katsumoto en la pel�cula), ex General victorioso que hab�a sometido a las provincias rebeldes a favor del Emperador luchando contra tropas tres veces m�s numerosas. El Emperador muda el nombre de Edo a Tokio y all� establece la residencia imperial, dando inicpio a la era Meiji.

Fracasadas las negociaciones para frenar la modernizaci�n internacionalista, en febrero de 1877 el ex general marcha a Tokio. En su camino se unen millares de samurais descontentos con la p�rdida del alma nacional, que reclamaban sabidur�a en los cambios. Al fin de su marcha no era obedecido por un pu�ado de campesinos como presenta la pel�cula, sino que lideraba a cincuenta mil hombres armados. La batalla tampoco dur� una tarde, sino una semana y fue vencida por la superioridad t�cnica (no tecnol�gica) de las tropas imperiales. Tropas que, dig�moslo de una vez, jam�s fueron entrenadas militarmente por Estados Unidos ni lucharon con armas norteamericanas ni hab�a contratos con Am�rica del norte en juego. Las armas y la instrucci�n proven�an de Francia y de Alemania, naciones l�deres en lo militar por esos tiempos. Pero para el Hollywood talib�n, toda excusa vale para presentar al occidente cristiano - en especial Estados Unidos - como el Gran Satan�s, capaz de toda perversi�n y fuente de todo mal, culpable de todas las atrocidades y corrupciones. Y de paso se aprovecha de recontar en tonos cobrizos la colonizaci�n americana que si bien tuvo sus excesos en los pa�ses protestantes, no se puede generalizar tan livianamente como suele hacerlo la pantalla grande.

Jap�n adopt� de Estados Unidos la moneda y el sistema moderno de polic�a tanto como las concepciones modernas de prensa, derecho, correos, ferrocarriles, sanidad y Hacienda.

La p�rdida del esp�ritu nacional se debi� a motivos muy distintos a los que pretende acusar la pel�cula, que sin el factor religioso e ideol�gico resulta imposible de comprender. Ser�a como intentar entender el fen�meno kamikaze sin considerar la devoci�n religiosa por el Emperador. Una religi�n que �dig�moslo de paso � es presentada con ribetes m�sticos que encandilar�n al espectador poco prevenido de las religiones orientales.

Con todas estas salvedades, �El �ltimo Samurai� es una producci�n sumamente interesente de ver. Tanto por su valor art�stico como pieza �pico-militar, como por su ejemplar muestra de manipulaci�n ideol�gica. La recomendamos para mayores de 14 a�os en consideraci�n de las escenas cruentas de batalla. Para disfrutar en familia y rever ocasionalmente en homenaje a la belleza de sus hechos de armas y la nobleza de sus protagonistas.

 

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� NUESTRA SE�ORA DEL CARMEN DE LA LEGUA | Callao, Per�
   
   

Transcurria el a�o de 1606 y desde Espa�a enviaron, por primera vez, una imagen de Nuestra Se�ora del Carmen; sin embargo no se ha precisado con exactitud el d�a de su arribo al puerto del Callao, en Per�, para luego instalarse en su ermita o capilla de la Legua, a medio camino entre el referido puerto y la ciudad de Lima.

Es tradici�n que un agradecido comerciante, Don Domingo Gomes de Silva, que salv� la vida en un naufragio, encomend�ndose a la Virgen del Carmen en tan apurado trance, hizo construir esta Capilla y mand� traer desde Espa�a la talla de Nuestra Se�ora del Carmen. Se refiere como hecho que el mulo sobre el cual era transportada la Talla al llegar al sitio conocido como La Legua, se par� y no hubo forma que avanzase un solo paso m�s, por lo que se eligi� este lugar para la edificaci�n de la Capilla del voto prometido.

Acerca de la fundaci�n de la Capilla escribe el Padre Antonio V�zquez de Espinoza, Carmelita de la Antigua Observancia, quien estuvo en la ciudad entre 1617 y 1619: "Hay en el comedio del Callao, y la ciudad de Lima ricas chacras, y labores con suntuosas caser�as, y a la legua est� una casa y convento de nuestra Se�ora del Carmen con sus armas, que edific� Domingo Gomes de Silva, var�n de cirtud, y buena vida, que dedic�, y consagr� a Nuestra Se�ora del Carmen, donde ten�a algunas ni�as vestidas de santo h�bito de Nuestra Se�ora que con gran observancia, y clausura, guardaban la regla, y con fervor recitaban el oficio divino, con que Nuestro Se�or era alabado y servido, y los fieles con tan gran ejemplo edificados..." (V�zquez de Espinoza).

D�cese que en el terremoto de 1746 el empuje de las olas del Callao lleg� hasta una legua y muy cerca del primitivo establecimiento de este Colegio de doncellas, que por hallarse a esa distancia del Callao se denomin� la Ermita de la Legua. Los Religiosos de San Juan de Dios venidos de Lima, tomaron a su cargo el Hospital del Callao y m�s adelante se establecieron en la Ermita de la Legua, donde instalaron una especie de hospeder�a.

"En su recinto se venera desde antiguo, desde que se fund� el mencionado Colegio - una imagen de la Virgen del Carmen, cuyo culto jam�s se ha interrumpido, La capilla con sus dos afiladas torrecillas, resalta en medio del verdor de los campos circunvecinos y es de regulares dimensiones, manifest�ndose a�n en buen estado, gracias al cuidado de los devotos de la imagen que son muchos. Anualmente es conducida en procesi�n al Callao, cargando sus andas los cofrades y acompa�ados de numeroso gent�o. En el puerto permanece bastante tiempo all� se celebra la Novena, devolvi�ndola a su Capilla, a mediados de octubre, en devota procesi�n que podr�amos llamar romer�a, por los millares de personas que rodean sus andas, la distancia que ha de recorrer y lo pintoresco de las escenas que se desarrollan en torno a su Capilla. Los m�ltiples ex-devotos de oro y plata que cuelgan de su manto, que en estas ocasiones se renuevan, demuestran que no en vano es invocada con fervor por el pueblo"(P. P. Vargas Ugarte, "Historia del Culto de Mar�a en Iberoam�rica y de sus imagenes y santuarios m�s celebres", Lib IV, Cap XXXIII).

La tradici�n la llama a esta Imagen, Nuestra Se�ora del Carmen de la Legua, Patrona del Callao, y, como tal fue coronada solemnemente el dia 7 de octubre de 1951, a manos del Emmo. Se�or Cardenal Juan Gualberto Guevara, Arzobispo de Lima, Primado del Per�, y Delegado Papal para la coronaci�n de la Virgen del Carmen de la Legua.

El Santuario de Carmen de la Legua fue parcialmente destruido en mayo de 1992, producto de la detonaci�n de un coche bomba. La restauraci�n del Santuario devolvi� su primigenia dignidad, y renov� en su ra�z la profunda piedad mariana del Callao.

El d�a de la Misa de Toma de Posesi�n de Monse�or Miguel Ir�zar como titular de la Di�cesis del Callao, anunci� que la Iglesia del Carmen de la Legua se convertir�a en Santuario, adem�s que all� se fundar�a un Monasterio de Madres Carmelitas Contemplativas que "seran las mejores guardianas del Santuario de Nuestra Se�ora del Carmen de la Legua".

 

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� LA LUZ DEL MUNDO | Pa�s de Origen: M�xico

   
   

Parte del origen de esta secta tuvo lugar con la divisi�n de una rama de la iglesia Pentecostal, llamada "Iglesia Apost�lica de la Fe en Cristo Jes�s", fundada por la Sra. Carmen Valenzuela, quien emigr� de Chihuahua, M�xico a Los �ngeles en el a�o 1912 y se convirti� al Pentecostalismo.

Al regresar a su lugar natal, intent� extender sus nuevas creencias. As�, el 1� de noviembre de 1914 doce personas recibieron "el bautismo en el Esp�ritu Santo" y hablaron "nuevas lenguas".

De este grupo eran miembros Saulo y Silas. Se consideraban "profetas, y se hac�an llamar "siervos de Dios". Ejerc�an un enorme poder sugestivo entre sus seguidores, como sucede f�cilmente en ciertos grupos "pentecostales".

Eusebio Joaqu�n Gonz�lez fue uno de los disc�pulos de Saulo y Silas. Naci� en Colotl�n, Jalisco, M�xico, el 14 de agosto de 1898 y fue soldado acuartelado en San Pedro de las Colonias y en Torre�n, Coah. En 1925 Eusebio Joaqu�n Gonz�lez se hizo bautizar en Torre�n por Saulo y Silas, con el nombre de Abraham, y se puso a su servicio, con el deseo de llegar a ser famoso como ellos. Al ver que no le daban ninguna oportunidad de realizarse como l�der y al constatar su falta de moralidad en lo personal, se apart� de ellos, decidiendo fundar "su" grupo propio.

El 6 de abril de 1926, en Monterrey, durante las primeras horas de la ma�ana, Eusebio dijo o�r la voz de Dios que le dijo que se nuevo nombre ser�a Aar�n, que le har�a notorio por todo el mundo y ser�a bendici�n. Luego le orden� que el siguiente jueves saliera a la tierra que le mostrar�a el "Esp�ritu de Dios".

Siguiendo el mandato de la revelaci�n, Eusebio y Elisa emprendieron el camino a pie hacia Guadalajara, llegando la ma�ana del 12 de diciembre de 1926, tras seis meses de muchas dificultades debidas a su fuerte predicaci�n anticat�lica. Durante esa peregrinaci�n, sus seguidores dicen que Joaqu�n comenz� a hacer milagros, pero sin especificar d�nde ni cu�les.

En Guadalajara trataron de encontrar hospedaje con sus padres y suegros pero no lo lograron. Vivieron entonces en unas bardas viejas sin techo y despu�s de 8 a�os de un cierto nomadismo, en 1934 Aar�n fund� el primer templo con reconocimiento oficial, en la colonia San Juan de Dios, en Guadalajara, qued�ndose ah� por tres a�os. �l se manten�a como vendedor ambulante callejero, sentado en su mesita vendiendo zapatos y Biblias a la salida de los templos. Elisa vend�a bu�uelos.

Esta combinaci�n de predicar y trabajar serv�a como motivaci�n y ejemplo de disciplina para muchos seguidores; despu�s de su llegada a esta ciudad, deambularon por varias congregaciones prostestantes, pero ninguna los acept�. Decidieron entonces seguir con su propio grupo.

En el a�o 1931 la Luz del Mundo experiment� su primer cisma cuando veinte creyentes abandonaron la iglesia. En 1932 hubo otra ruptura cuando 24 feligreses se apartaron para formar otra iglesia.

Una vez logrado un buen n�mero de seguidores, el Sr. Eusebio se percat� de que no estaba bien bautizado, porque Saulo y Silas lo hab�an bautizado "en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp�ritu Santo" y no "en el nombre del Se�or Jesucristo".

Fue as� como, seg�n cuentan sus seguidores, se puso en oraci�n y ayuno "para pedir luz al Se�or", hasta que recibi� la respuesta en otra visi�n: "Lev�ntate y baut�zate invocando mi nombre". As�, el 18 de julio de 1927, el fundador de la nueva secta volvi� a bautizarse, tomando para siempre el nombre de Aar�n.

Como se sabe, la f�rmula "en el nombre del Se�or Jesucristo" empez� a ser utilizada en el a�o 1903 en los Estados Unidos por el Sr. Carlos F. Parham, pastor de la iglesia metodista; y tambi�n fue adoptada por algunos grupos de la l�nea pentecostal.

A la nueva organizaci�n religiosa fundada por Eusebio Joaqu�n Gonz�lez, se le puso el nombre de "La Iglesia del Dios vivo, columna y apoyo de la Verdad, La Luz del Mundo" (1Tim 3,15; Mt 5,14). Esta iglesia representar�a la "Restauraci�n de la Primitiva Iglesia Cristiana Espiritual".

Para el a�o 1935 el nuevo templo estaba registrado ante la Secretar�a de Gobernaci�n, Constituci�n art. 130. El templo principal se traslad� a la calle 12 de octubre #840 Sector Reforma donde sigue ubicado en la actualidad. Fue consagrado el 31 de Octubre de 1939.

En 1942 en la Ciudad de M�xico, y en otras ciudades como en Cuernavaca, Cuautla, Ciudad Madero y San Pedro Toltepec, la Luz del Mundo sufri� otra divisi�n. Fue una lucha por el liderazgo de la iglesia cuando algunos acusaron a Aar�n de haberse enriquecido a costa de los adeptos pobres. De all� surgi� la "Iglesia el Buen Pastor".

En 1953 se adquirieron 14 hect�reas, para construir la sede de la primera colonia de Hijos de Dios, llamada por el Hno. Aar�n: "Hermosa Provincia, el Gozo de Toda la Tierra".

Su esposa Elisa fue ordenada diaconisa el 22 de diciembre de 1964. Falleci� el 11 de octubre de 1985. El 9 de junio de 1964 muri� Aar�n, y lo sucede su hijo Samuel Joaqu�n Flores, quien hace una Casa de Oraci�n que por su arquitectura y dimensiones vendr�a a ser famosa en Am�rica y en el mundo.

En 1985 logrando la conquista de 16 pa�ses en Centroam�rica, Sudam�rica, Estados Unidos, Canad�, el Caribe y Europa, sumando m�s de dos millones; se establecen en colonias. Ahora est�n en 21 pa�ses.

Seg�n dicen sus seguidores, "Aar�n liber� las conciencias encadenadas a las tradiciones religiosas, por medio de su palabra de amor y verdad". El "hermano Samuel" es considerado enviado de Dios por "La Luz del Mundo", y como tal, su presencia es reconocida como portadora de la paz.

Esta organizaci�n pretende ser una iglesia nacionalista, totalmente sujeta a las autoridades civiles, de acuerdo con los ideales de la masoner�a. Se afirma que est� patrocinada por la Masoner�a del Rito Occidental Mexicano, a la que pertenece el mismo Hno. Samuel Joaqu�n Flores. Adem�s, poseen un fuerte fanatismo anticat�lico.

Seg�n creen todos los seguidores, la Palabra de Dios no puede venir por otro conducto sino por boca del "Siervo de Dios", antes el Hno. Aar�n, y ahora su hijo Samuel: especialmente en materia de interpretaci�n de la Biblia, lo cual dicen, �nicamente �l est� autorizado a hacer.

B�sicamente, todas las doctrinas de la secta fueron dise�adas por el "profeta" Aar�n y su hijo y sucesor tiene el deber de conservarlas y preservarlas de todos los rebeldes que se han opuesto a ellas y especialmente en lo que toca a la "veneraci�n" del Hno. Aar�n, motivo por el cual muchos han desertado.

Ense�an la antigua herej�a de Sabelio, o monarquianismo: en Dios hay tres nombres de una misma persona, y no tres personas distintas.

No solamente niegan la Trinidad sino que afirman que en Jesucristo, como hay dos naturalezas, hay tambi�n dos personas: "Jes�s - hombre" y "Cristo - Dios". O sea que una cosa es hablar de Jes�s y otra es hablar de Cristo.

Para ser ministros hay que ser casados y este es de instituci�n divina. Con el fin de evitar la contaminaci�n del mundo externo; los aaronitas (Iglesia Luz del Mundo) requieren del permiso de los encargados de los ministerios especializados para salir de la colonia, tomar vacaciones, trabajar, estudiar, contraer matrimonio, etc.

 

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� San THORFINN DE HAMAR  | Obispo
   
   

Naci� en Trondhjem, Noruega. Fue un monje cisterciense en la abad�a de Tautra, y can�nigo de la Catedral de Nidaros en 1277, cuando estuvo presente en el Acuerdo de T�nsberg. Obispo. Fue exiliado por el Rey Eric por apoyar al Arzobispo de Nidaros en una disputa sobre la interferencia del Estado en materias de la Iglesia. Se refugi� en la abad�a de TerDoest, Flanders. Peregrin� a Roma. A su regreso cay� enfermo, e hizo un testamento para dividir sus magras posesiones. Poco tiempo despu�s fallec�a en la paz del Se�or. Era el 8 de enero de 1285, en el monasterio de TerDoest, cerca de Bruges, B�lgica, por causas naturales. El Padre Walter de Muda, un monje que lo conoci�, escribi� un poema sobre San Thorfinn, describiendolo como gentil, paciente y generoso, con una personalidad apacible y una firme voluntad contra el mal y la impiedad. El Padre Walter escribi� el poema en un pergamino y lo sujet� sobre la tumba de San Thorfinn.

El Obispo no hab�a llamado mucho la atenci�n durante su vida, y con el tiempo fue olvidado. Sin embargo, 50 a�os m�s tarde, durante una renovaci�n de la iglesia, su tumba fue abierta. Sus restos desprendieron un fuerte y agradable perfume. El pergamino con el poema estaba todav�a cerca del cuerpo, y se encontraba fresco y suave. El perfume de las reliquias, el estado del pergamino, los informes de milagros alrededor de la tumba, y el informe de la santidad del Obispo llevaron a la aprobaci�n de su culto. La devoci�n pronto se esparci� entre los Cistercienses y a trav�s de Noruega. Su festividad se celebra el 8 de enero.

 

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� tabern�culos flotantes | Tradiciones militares
   
   

Muy pocos saben que el Departamento Americano de Defensa trata a la Eucarist�a, por respeto, como un secreto militar. Es decir, si las hostias consagradas que no pueden mantenerse seguras con un sacerdote-capell�n, las mantienen guardadas junto a otro material de importancia en la nave o la caja fuerte de la unidad, junto con cosas tales como los planes de la batalla y los c�digos criptogr�ficos.

La caja fuerte es normalmente protegida por centinelas armados que, bajo muchas circunstancias, puede usar la fuerza proteger incluso dando muerte a quien quiera tomar el valioso contenido. Eso significa que cuando vemos un nav�o de la Armada con un capell�n cat�lico, estamos viendo un enorme tabern�culo flotante.

 

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� ORACIONES ANTIGUAS A NUESTRA SE�ORA DE LOURDES | Aniversario de la primera aparici�n: 11 de febrero
   
   

I. Sed para siempre bendita, pur�sima Virgen, que os hab�is dignado aparecer hasta diez y ocho veces, muy resplandeciente de luz, dulzura y hermosura en la solitaria gruta, y decir a la humilde ni�a que os contemplaba extasiada: "Yo soy la Inmaculada Concepci�n".

 

Sed para siempre bendita por todos los extraordinarios favores que no ces�is de derramar en este lugar.

 

Por la ternura de vuestro Inmaculado Coraz�n, oh Mar�a, y por la gloria que ha dado la Santa Iglesia, os conjuramos para realic�is las esperanzas de paz que ha hecho nacer la proclamaci�n del dogma de vuestra Inmaculada Concepci�n.

 

II. Pur�sima Reina de los �ngeles; �guila real que llegaste a contemplar tan inmediatamente al Sol de increada Justicia, Jesucristo nuestro Se�or; Aurora de la eterna luz, vestida siempre de los fulgores de la gracia; Centro del amor divino, donde hall� su complacencia la Trinidad Beat�sima; Ciudad santa, donde no entr� cosa manchada, y fundada sobre los m�s altos montes de la santidad; Jerusal�n celestial, ideada en la misma gloria e iluminada con la claridad de Dios. Por estos t�tulos de tu Concepci�n Pur�sima, te suplico, Reina m�a, que c�mo �guila real me ampares bajo las alas de tu protecci�n piadosa; como Aurora de la gracia esclarezcas e ilumines con tus fulgores mi alma; como Centro del amor enciendas mi voluntad para que arda en el divino; y que me admitas benigna como a tu fiel morador en la Jerusal�n triunfante, de la que eres Reina excelsa. Oye Se�ora mis ruegos, y por el gran privilegio de tu Concepci�n en gracia, conc�deme fortaleza para vencer mis pasiones, y con especialidad la que m�s me combate; pues con tu intercesi�n y con el auxilio de la gracia, propongo emprender la lucha hasta alcanzar la victoria. Por mi Se�or Jesucristo que vive y reina por los siglos de los siglos. Am�n.

 

�Virgen Sant�sima que de la dura pe�a hiciste brotar agua milagrosa, que sana las enfermedades del cuerpo y del alma! Arranca, poderos�sima Se�ora, de nuestro endurecido coraz�n, l�grimas de verdadera penitencia, para que laven la lepra del alma, a fin de que el Se�or nos perdone y levante de nosotros el azote de su indignaci�n.

 

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� perfecta humildad | Santa �ngela de la Cruz Guerrero
   
   

"La nada guarda silencio, la nada no desea ser algo, la nada lo sufre todo. La nada no se impone a los dem�s, la nada no ordena con autoridad, y finalmente, la nada en la criatura es la humildad pr�ctica".

Santa �ngela vivi� entre 1846 y 1932. Fue la fundadora de la Congregaci�n de la Cruz. S.S. Juan Pablo II la canoniz� el 4 de mayo de 2003 en Plaza de Col�n, Madrid, Espa�a. Su festividad se celebra el 2 de marzo.

 

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� HERMANAS ADORATRICES DEL SANT�SIMO SACRAMENTO | Santa Mar�a Micaela del Sant�simo Sacramento
   
   

Mar�a Micaela naci� en Madrid, Espa�a en 1809. Tuvo que pasar por situaciones muy dif�ciles, antes de llegar a la santidad. Era todav�a muy joven cuando muri� su madre. Su padre muri� tambi�n inesperadamente. Su hermano Luis pereci� en un accidente al caerse de un caballo, y su hermanita Engracia padec�a de trastornos mentales. Le quedaba una hermana, Manuela, pero �sta tuvo que salir al destierro porque los enemigos pol�ticos de su esposo se apoderaron del gobierno.

Recibi� una educaci�n muy seria. Empieza un noviazgo, y despu�s de tres a�os de amistad muy armoniosa, y muy santa con su novio, este de un momento a otro se aleja, porque sus familiares se lo han ordenado as�. Entonces las malas lenguas se dedican a hablar mal de Micaela.

Su hermano fue nombrado embajador en Par�s, y despu�s en Bruselas (Micaela era de familia de alta clase social espa�ola). Ella tuvo que acompa�arlo y entonces empez� una vida muy especial: madrugar much�simo para alcanzar a hacer sus pr�cticas de piedad, ir a la Santa Misa, comulgar y aprovechar la ma�ana para hacer sus obras de caridad. Del mediod�a en adelante asist�a a banquetes diplom�ticos, bailes, funciones de teatro, sal�a de paseo a caballo, rodeada de la aristocracia y debiendo mostrarse siempre alegre y sonriente a pesar de los dolores continuos de est�mago causados por un tipo de c�ncer que parec�a devorarle el vientre.

Ante tant�simos peligros para su virtud, lo que conservaba en gracia de Dios a la joven y elegante Micaela era su comuni�n diaria, las mortificaciones que hac�a y el haber encontrado un santo director espiritual, el Padre Carasa. Una de sus mortificaciones consist�a en que cuando iba a funciones de teatro (donde la gente se presenta muy deshonestamente vestida) ella se colocaba unos anteojos que por m�s que esforzara la vista no le dejaban ver lo que pasaba en el escenario.

Al volver a Espa�a la invitaron en Burdeos a una reuni�n en la casa del C�nsul. All� la esperaba el Sr. Arzobispo para pedirle que hiciera de mediadora frente a unas monjas que enga�adas por un hereje jansenista se hab�an rebelado contra el arzobispo. Micaela, aprovechando su admirable simpat�a que le hac�a ganarse a las gentes, se fue al convento y obtuvo que las religiosas hicieran unos d�as de Ejercicios Espirituales, y al final de esos Retiros, las religiosas, presididas por nuestra santa, hicieron la paz con el Sr. Arzobispo.

El Padre Carasa le recomend� que al volver a Madrid se entrevistara con una dama muy santa llamada Mar�a Ignacia Rico. As� lo hizo y entonces aquella caritativa mujer la llev� al hospital San Juan de Dios, donde estaban las mujeres de mala vida que ca�an enfermas. La santa afirma que "all� sufren el olfato, la vista, el tacto, los o�dos" y que "todos los sentimientos tienen all� ocasi�n para padecer". Micaela ni siquiera sab�a que exist�a esa clase de mujeres y nunca se hab�a imaginado que los hombres dieran un trato tan injusto y cruel a esas pobres criaturas, despu�s de haberlas corrompido.

Aquel espect�culo del hospital fue para Micaela como una revelaci�n del cielo. Y cuando supo no s�lo la situaci�n horrorosa de esas pobres muchachas enfermas en el hospital, sino la espantosa vida que les esperaba cuando salieran de all�, pens� que era absolutamente necesario hacer algo concreto para ayudarlas. Y con su amiga Mar�a Ignacia consiguieron una casita para llevar all� las muchachas en peligro para preservarlas, y a las que ya hab�an sido v�ctimas, para redimirlas y salvarlas.

Y sucedi� entonces que alrededor de Micaela hubo una verdadera tormenta de incomprensiones y abandonos, aun de sus mejores amistades. Sus antiguos amigos no pod�an entender que se dedicase a cuidar prostitutas en desgracia una mujer con vida tan promisoria.

Y luego sucedi� lo que ninguno hab�a esperado: Micaela dej� su casa elegante y se fue a vivir con unas pobres mujeres de mala vida en una casucha miserable, para poder transformarlas en personas honradas y santas.

Al Sr. Arzobispo le llevan cuentos y calumnias y entonces �l env�a a un sacerdote para que saque de la Casa de Micaela el Sant�simo Sacramento. Cuando el sacerdote llega, la santa se dedica a orar por �l, y �ste, despu�s de rezar unos minutos de rodillas, cambia de parecer y se va sin llevarse el Sant�simo Sacramento.

Le llega un director espiritual que le prohibe hacer caso a los mensajes interiores que Dios le da. Una voz le dice: "Micaela, se va a incendiar la sacrist�a", pero ella no puede hacer caso a esto, y tiene que dejar que suceda. Otra voz le dice: "Le echaron veneno a la comida", pero como el director le prohibi� hacer caso a esas voces empieza a comer. S�lo que al sentir el sabor tan desagradable de aquel alimento, se dice: "Aunque fuera sin voces, yo no me comer�a esto", y se detiene. Pero alcanza a enfermarse bastante. Afortunadamente, en vez de ese equivocado director le llega un santo de primera clase, a dirigirla, es San Antonio Mar�a Claret, y bajo su direcci�n s� puede progresar grandemente en santidad.

Son las diez de la ma�ana y no hay con qu� hacer desayuno para tantas j�venes. Llega un misionero de Filipinas y la santa le cuenta su terrible situaci�n. El misionero le entrega una moneda de oro que le han regalado. Corren a comprar alimentos, y las muchachas exclaman: - �La superiora nos estaba haciendo una broma diciendo que no hab�a comida! �Miren qu� abundante comida nos ten�a por ah� guardada!.

Cuenta Micaela en su autobiograf�a: "N.N. es una muchacha que me ha hecho muchos robos y me ha inventado cuentos horrendos. Pero yo la sigo tratando con gran cari�o, como si fuera mi mejor amiga". M�s adelante a�ade: "Las gentes me viven inventando mil cosas malas que nunca he hecho y ni siquiera he pensado, pero bendito sea Dios que de lo malo que s� he hecho no saben nada!".

Habr�a de sufrir en su vida muchas calumnias y maltratos por la v�a a que fuera llamada. Pero con humildad afront� todas sus pruebas, y sali� airosa.

El 6 de enero de 1859, con siete compa�eras funda la Comunidad de Hermanas Adoratrices del Sant�simo Sacramento, dedicadas a adorar a Cristo Jes�s en la Eucarist�a y a trabajar por preservar a las muchachas en peligro, y a redimir a las pobres que ya cayeron en los vicios y en la impureza.

Su comunidad se extendi� por Barcelona, Valencia y Burgos y ahora tiene 1,750 religiosas en el mundo en 178 casas.

En sus casas mandaba colocar esta bella frase, un mensaje de Dios a sus religiosas para que no se desanimaran en la pobreza y en las dificultades: "MI PROVIDENCIA Y TU FE, MANTENDR�N LA CASA EN PIE".

La Madre Micaela hab�a estado socorriendo a los enfermos en la peste de tifo negro en los a�os 1834, 1855 y 1856, y hab�a logrado no contagiarse. Pero en el a�o 1856, al saber que en Valencia hab�a estallado la terrible peste del tifo, se fue all� a socorrer a los apestados, y se contagi� de la mortal enfermedad.

Al padre confesor le dijo: "Padre, esta es mi �ltima enfermedad". Y en verdad que fue la �ltima y la m�s dolorosa. Calambres casi continuos. Dolores agud�simos. El m�dico declar�: "Nunca hab�a visto a una persona sufrir tanto y con tan grande paciencia y hero�smo".

El 24 de agosto de 1856, a las 12, abri� los ojos, los elev� hacia el cielo y muri�. La enterraron sin ninguna solemnidad en una fosa ordinaria en el cementerio.

Pero Dios la glorific� haciendo milagros por su intercesi�n y hoy sus religiosas siguen salvando del pecado y de la perdici�n a miles de j�venes en todo el mundo.

 

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� CUMBRES: �SOCIALISMO Y MUERTE? | Manipulaci�n y dirigismo social
   
   

LOS FOROS SOCIALES SE HAN PUESTO DE MODA. Levantando las banderas populistas de la antiglobalizaci�n, el antiamericanismo y el pacifismo claudicante, las fuerzas anarcosocialistas esconden las esperanzas de imponer la revoluci�n anticristiana por todo el planeta. Sea por la v�a psico-terrorista o bien por la manipulaci�n sentimental, sus esl�ganes van minando las resistencias de las porciones sanas de la sociedad.

La complicidad de cierta prensa y la cooperaci�n suicida de los dirigentes se combinan prodigiosamente con la dram�tica falta de formaci�n ideol�gica, religiosa y filos�fica de las poblaciones modernas. El surgimiento del relativismo adormecer� cualquier resto de resistencia esperable en la sociedad.

As� las cosas, no es raro que habitualmente se recurra a sofismas antes insostenibles e impresentables, pero que hoy gozan de perfecta salud. Uno de ellos es contraponer el capitalismo al socialismo.

Para ello identifican el capitalismo con dos elementos que se desprenden de la ley natural: la propiedad privada y la libre iniciativa. Y si en verdad tales elementos fundamentan su modelo econ�mico, no le convierten de derecho en su �nica y exclusiva representaci�n.

Por su parte, el socialismo y comunismo, expresan de modo m�s o menos acabado � conforme los planes que se han propuesto seguir para alcanzar sus metas comunes � todas las negaciones posibles a la ley natural, a todos los mandamientos. De aqu� que el socialismo est� permanente e ininterrumpidamente condenado por la Santa Iglesia desde su parto abortivo hasta el presente. Toda forma, cualquier modalidad. No existe forma ni modalidad en que est� permitida la cooperaci�n, simpat�a, apoyo o difusi�n del socialismo para un cat�lico. El s�lo hecho de simpatizar implica por s� mismo un acto de apostas�a, de negaci�n de los mandamientos y de toda la doctrina cristiana.

En capitalismo no ha sido condenado de la misma manera. De �ste se ha condenado, eso s�, lo mismo que se advierte de cualquier instrumento recto abandonado al capricho de las pasiones, ausente la visi�n sobrenatural de las cosas: su degeneraci�n pecaminosa. No es sostenible, bajo t�tulo alguno, la defensa de tales abominaciones en nombre de sus elementos l�citos.

Por la v�a de la corrupci�n de sus partidarios, el capitalismo ha vuelto odiosos ambos principios de origen divino. Y de este odio mal visualizado y peor comprendido en sus causas, se nutre la izquierda para mantener con vida su ataque infernal. Pretende, desviando la atenci�n y focalizando el descontento popular, esconder las muestras pr�cticas � expl�citas o moderadas - de sus resultados: miseria, verg�enza y esclavitud.

Para el cat�lico, tales contraposiciones han de resultar falaces e indignantes. Goza de la visi�n sobrenatural y de elementos inalterables de juicio como son los Mandamientos y la doctrina tradicional de la Iglesia. Y mantiene en vista la divina advertencia: �sed prudentes como palomas y astutos como serpientes�

 

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� SANTUARIO DE NUESTRA SE�ORA DE WALSINGHAM | Inglaterra, a�o 1061
   
   

La presencia de la Virgen Mar�a en Inglaterra comenz� con tres visiones recibidas por Lady Richeldis de Faverches, una viuda que viv�a en un feudo en Walsingham. En estas visiones que la dama tuvo, Mar�a Sant�sima le mostr� la casa en Nazaret donde el Arc�ngel Gabriel le dijo que dar�a a luz al Hijo del Alt�simo. La Madre Bendita pidi� entonces a Lady de Faverches que construyera una r�plica de su casa en Nazaret dedicada a conmemorar la Anunciaci�n de Mar�a y la Encarnaci�n de Nuestro se�or Jesucristo.

La Virgen prometi�: "Permite que todo aquel que est� apenado o con necesidad me busque en esta peque�a casa que mantendr�is para mi en Walsinghal. Todos aquellos que me busquen all� obtendr�n socorro".

En la Edad Media, Walsingham se convirti� en uno de los mayores lugares de peregrinaci�n de toda Europa. Se construy� entonces una iglesia alrededor de la casa para protegerla. Muchos reyes ingleses dirigieron peregrinaciones a Walsingha. La �ltima de estas fue llevada por Enrique VIII, quien hizo tres peregrinaciones a ese lugar antes de romper con la Iglesia Cat�lica en 1534 y formar la iglesia anglicana. Enrique orden� entonces la destrucci�n de todos los santuarios cat�licos y lugares de adoraci�n religiosa. La iglesia de Walsingham y la casa fueron destruidas en el desastre destructivo que tuvo lugar. La estatua de Mar�a que resid�a en la casa fue quemada.

No fue sino hasta 1920 que la Santa Casa de Walsingham fue reconstruida bajo la direcci�n de Alfred Patten, un sacerdote anglicano. La Capilla de la Zapatilla, as� llamada en honor de aquellos que - en la Edad Media - se quitaban los zapatos para caminar descalzos a la Casa Santa, es una peque�a capilla cat�lica ubicada cerca de la Casita y creada para escapar de la destrucci�n de los reformistas. Esta capilla se convirti� en la Capilla Cat�lica de Nuestra Se�ora de Inglaterra, y es actualmente un lugar activo de peregrinaci�n.

 

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� MODOS DE PERDER EL TIEMPO | Ascesis
   
   

Consideremos que pueden perder el tiempo lastimosamente aun las personas que se llaman espirituales, de mil maneras, y casi est�n m�s expuestas a este desorden que las del mundo, porque est�n m�s desocupadas de negocios y de los cuidados temporales que ocupan a los mundanos.

Primeramente, hay personas espirituales cuyos quehaceres son muy limitados; despu�s que han ocupado algun tiempo en el d�a en pr�cticas piadosas, �en qu� gastan casi todo el d�a? Com�nmente en nada. Fr�volos y vanos entretenimientos, conversaciones profanas o peligrosas, largas e in�tiles visitas, curiosidad de saber todo lo que pasa fuera de nosotros, af�n de criticarlo todo, de informarse de todo; estas son sus ocupaciones ordinarias. �Puede darse vida m�s ociosa que �sta? �Y es esto aprovechar el tiempo?

Otras personas que se dicen espirituales hacen m�s, y se ocupan de obras de caridad, viven siempre agitadas, no tienen el menor descanso; pero �cu�l es la causa de todas estas agitaciones? �Es esp�ritu verdadero de celo? �Es la voluntad de Dios y el esp�ritu de sacrificio? Lejos de esto, corren riesgo de buscar muchas veces la necia satisfacci�n de su vanidad o de su car�cter; no es, pues, m�s que inquietud o impetuosidad natural la que las lleva de ac� para all�; de aqu� sucede que se meten en mil negocios; quisieran meterse en todos, pero sin rectitud de intenci�n o con esp�ritu disipado y lejos de Dios. �Es esto emplear bien el tiempo, o mas bien desperdiciarle?

Entremos en nosotros mismos y miremos en qu� pasamos el d�a, cu�ntas horas perdemos in�tilmanete, y recordemos con temor y temblor de que hasta de una palabra ociosa hay que dar terrible cuenta a Dios. Pidamos perd�n del tiempo perdido y propongamos aprovecharlo m�s y mejor en adelante.

En fin, otras personas espirituales tambi�n est�n siempre ocupadas; pero se puede decir que ganan muy poco para la eternidad, porque, o no cumplen con sus obligaciones sino con negligencia extrema, o por fines meramente humanos. El tiempo no es �til sino en cuanto se emplea seg�n la intenci�n y voluntad de Dios y sirve para nuestro aprovechamiento espiritual; mas lo que se hace con tibieza suma y negligentemente, o por respetos humanos, �puede ser agradable a Dios? Y si no puede agradar a Dios, de qu� nos puede aprovechar todo lo que hacemos para la vida eterna?

Incluso una vida muy laboriosa puede ser muy infructuosa, si no es Dios ni el deseo de su gloria, sino vanos intereses y respetos, los que nos mueven a obrar lo que exteriormente parece bueno.

Para gastar santamente el tiempo no basta que las ocupaciones sean santas en s� mismas si no lo son en sus circunstancias, y podemos perder trabajando mucho tiempo si trabajamos s�lo con el cuerpo y con el esp�ritu; de donde f�cilmente podemos conocer, pero con el m�s sensible dolor, cu�nto tiempo hemos perdido hasta ahora, y si podemos estar seguros de haber gastado bien un d�a s�lo, cuando nos consta cu�n poco hemos hecho con verdadera rectitud y pureza de intenci�n, y que m�s que a Dios nos buscamos a nosotros, nuestra propia satisfacci�n, las alabanzas de los hombres, y la sensibilidad natural de nuestro coraz�n.

Saquemos pues de todo esto que lo que no hagamos con suma pureza de intenci�n y s�lo por agradar a Dios, nos lo premiar�n los hombres, pero no Dios Nuestro Se�or, que s�lo recompensa lo que se hace por �l.

 

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+ Crux Sacra Sit Mihi Lux + Non Draco Sit Mihi Dux +

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