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Esta semana hemos recibido con gran alegr�a las palabras de aliento y amistad de muchos antiguos lectores, que quisieron hacernos part�cipes de su entusiasmo hacia esta obra. A todos ellos queremos dar particular agradecimiento, junto con todas aquellas almas que, en silencio, nos favorecen con sus oraciones y afecto.
La oraci�n, como dice San Efr�n, eleva al hombre hasta el Cielo. Y al Cielo queremos elevar este trabajo, que naci� del deseo de salvar almas, expandiendo el conocimiento � tan precario en estos d�as - en la Fe y la Santa Iglesia.
Un gran agradecimiento tenemos entonces hacia aquellos que nos ofrecen sus oraciones, y a quienes puedan extendernos una ayuda, ya sea material, o de tiempo. Y con tiempo nos referimos a aquellos que puedan colaborar en la difusi�n de nuestra revista, colocando nuestra nueva direcci�n en buscadores y otros sitios cat�licos. As� estar�n cooperando directamente con una obra que existe por amor de Dios y por tanto de los hombres. Gracias desde ya a quienes decidan brindarnos su apoyo en cualquiera de estas formas.
Que Dios los bendiga a todos,
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Cynthia Caden Editora General | Revista Cristiandad.org
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� FRESCA Y ROJA | San Nazario
SAN NAZARIO FUE UN M�RTIR de la primera persecuci�n de Ner�n, cuyos restos permanecen en la Bas�lica de los Ap�stoles, en Mil�n, y fueron exhumados por San Ambrosio hacia el a�o 395. En la tumba hab�a un frasco con la sangre del Santo que, tras tantos a�os despu�s de su muerte, fue encontrada �tan fresca y roja como si hubiese sido derramada ese mismo d�a�.
San Nazario evangeliz� en Mil�n, hasta que le cortaron la cabeza hacia el a�o 68.
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Se trata del libro ritual, publicado por la Santa Sede, donde se encuentran las directrices y oraciones para la administraci�n de los sacramentos u otros oficios lit�rgicos.
Las revisiones lit�rgicas posteriores al Concilio Vaticano II han generado modificaciones en este libro, y desde entonces se le ha llamado �Novus (nuevo) Ordo�.
Adem�s, tambi�n se llama Ordo a un calendario anual que contiene una gu�a para las Misas y el Oficio Divino de cada d�a. Existe uno general, del Rito Latino, y otros que son adaptaciones o suplementos de di�cesis o comunidades religiosas, en que se incluyen santos y fiestas particulares de la regi�n o la comunidad.
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� San BERNARDO DE CLARAVAL | 20 de agosto
Naci� en el a�o 1090 en Fontaines-les-Dijon, Burgundia, Francia. Pertenec�a a la nobleza francesa. A los 22 a�os, temiendo a los caminos del mundo, �l, cuatro de sus hermanos y 25 amigos se hicieron benedictinos, uni�ndose a la abad�a de Citeaux. Su padre y otro hermano tambi�n se unieron poco tiempo despu�s.
Fund� y gui� al monasterio de Claraval, que pronto tuvo m�s de 700 monjes y 160 fundaciones. Revis� y reform� a los Cistercienses. Fue consejero y predicador del Rey Lu�s el Gordo y del Rey Lu�s el Joven. Acudi� al Segundo Concilio Lateranense. Luch� contra los albigenses. Ayud� a terminar el cisma del antipapa Anacleto II. Predic� en Francia, Italia y Alemania. Colabor� en la organizaci�n de la Segunda Cruzada. Fue amigo y bi�grafo de San Malaqu�as O�More. Tambi�n fue consejero espiritual del Papa Eugenio III, quien originalmente fuera uno de sus monjes.
San Bernardo es el primer monje cisterciense colocado en el calendario de santos. Fue proclamado Doctor de la Iglesia por el Papa P�o VIII, por su prol�fica e instructiva obra. Se le conoce como Doctor Melifluo, por la maravillosa ret�rica de sus escritos y sermones.
Falleci� el 20 de agosto de 1153 en Claraval. Su festividad se celebra el 20 de agosto. Es patrono de apicultores, de las abejas, fabricantes de velas y cereros.
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� LOS NI�OS DEL CIELO | "Bacheha-Ye Aseman", Ir�n, 1997 - 87 min.
"Bacheha-Ye Aseman" es una de aquellas pel�culas destinadas a ser sepultadas en las polvorientas estanter�as del rotulado "cine arte". Careciendo de los elementos histri�nicos del cine comercial, probablemente pas� desapercibida por el gran p�blico. Es una l�stima, porque la quinta pel�cula del director iran� Majid Majidi es una de esas rarezas que deleitan por la inocencia del contenido, la belleza dram�tica y una sorprendente actuaci�n de los protagonistas.
La historia en s� misma es un drama infantil que trasciende las fronteras de Ir�n. Amir - de escasos diez a�os - lleva a reparar las ro�das zapatillas rosa de Zahra, su hermanita. Pero las pierde entre los mandados que cumple para su madre. Como son muy pobres y temen la ira del padre y la pena de su madre enferma, acuerdan prestarse las �nicas zapatillas de que disponen: las de Amir. As� las cosas, con ternura exquisita, Zahra sale temprano de clases para correr a prestarle las zapatillas a su hermanito, quien llegar� tarde a clases. La fraternidad entre los hermanitos, la reverencia a sus padres y las virtudes dom�sticas son edificantes para el espectador. Sin duda, u materia de seria reflexi�n se abre con "Los Ni�os del Cielo" presentada a un p�blico cat�lico. En efecto, da que pensar ver c�mo entre pueblos de religi�n musulmana - con toda la carga de vicios y errores - se conservan vigentes principios religiosos arm�nicos con la ley natural que han desaparecido de las sociedades cristianas por amor a las modas y "novedades" del mundo.
Dirigida de forma magistral, la pel�cula va atrapando al p�blico en una trama de inter�s siempre creciente, pese a la simpleza minimalista del relato. La m�sica es acertada. Jam�s supera al relato, sino mas bien que lo complementa y proyecta. La empat�a aumenta con las escenas que se suceden hasta culminar con la emocionante carrera en que Amir representa a su colegio y tiene la oportunidad de ganarse un par de zapatillas o de continuar con su pobreza de calzado. Antes recorri� a pie - una escena memorable - las calles de Teher�n junto con su padre en busca de alg�n trabajo como jardineros para mantener a la familia. El esp�ritu de sacrificio no es menor a su amor filial y a la alegre inocencia de su mirada. Tanto Amir (Amir Farrock Hashemian), como Zahra (Bahare Sediqi), poseen unos rostros peculiares y un don innato de actuaci�n. Pasan con naturalidad admirable de la risa al llanto.
Una pel�cula recomendable para todo p�blico y, por qu� no, acertad�sima para compartir con fines formativos en un centro educativo o parroquial. Nadie que posea una sensibilidad m�nima quedar� sin agradecerlo.
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� nuestra se�ora de lOS DESAMPARADOS | Valencia, Espa�a
Fray Juan Gilaberto Jofr�, de la Orden mercedaria, decidi� fundar junto a diez caballeros valencianos un orfelinato y hospicio para enfermos mentales, en 1407, en Valencia, y convinieron en ponerlo al amparo de la Virgen, para lo cual mandaron esculpir una imagen de Ella. Al buscar art�fices que la hicieran, se presentaron tres j�venes desconocidos, en el a�o 1414, y se comprometieron a hacer la obra en tres d�as.
Nadie los vio ni sinti� trabajar, nadie sinti� ning�n cincelazo. Transcurridos los tres d�as, entraron al taller y encontraron una bell�sima imagen de Mar�a con el Ni�o en su brazo izquierdo y con una azucena en la mano derecha.
Cuando los caballeros recibieron esta imagen, la se�ora de su presidente, que estaba tullida y ciega, san� repentinamente. Nadie ni nunca se supo qui�nes eran esos art�fices que terminaron la obra, sin reclamar su remuneraci�n, a pesar de haber demorado en hacerla s�lo tres d�as, sin ser vistos ni sentidos de persona alguna. A partir de entonces se conoci� a la milagrosa imagen como Nuestra Se�ora de los Desamparados.
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� LOS APOLINARISTAS | Siria, siglo IV
Herej�a del siglo IV, que recibi� este nombre por Apolinar de Laodicea (Siria), quien vivi� entre el a�o 310 y el 390; fue amigo de San Atanasio y le apoy� en su lucha contra el arrianismo. Sin embargo, unos a�os despu�s de haber sido elegido obispo de su ciudad, Apolinar, con el objeto de poner de relieve la personalidad divina de Cristo, afirm� que Cristo no ten�a un alma propiamente humana, sino que el Verbo encarnado hab�a tomado el lugar de esta alma; por lo mismo, ya no se pod�a hablar m�s de dos naturalezas sino de una �nica naturaleza y de una �nica persona en Cristo. Esta afirmaci�n fue condenada por el Papa San D�maso en el S�nodo romano del a�o 377.
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� San ACACIO, EL BUEN �NGEL | Obispo
Fue Obispo de Hither, Asia. Lo arrestaron en la persecuci�n de Decio y fue llevado ante el tribunal imperial por el crimen de ser cristiano y rehusarse a hacer sacrificios a los �dolos.
Su defensa de la fe impresion� tanto a los jueces que lo dejaron libre.
Debido a su arresto y a su deseo de morir por la fe, es frecuentemente listado como un m�rtir, pero al parecer sobrevivi� a las persecuciones, y falleci� de muerte natural alrededor del a�o 251.
Se le conoce como �el buen �ngel� y tambi�n como �el taumaturgo. Su festividad se celebra el 31 de marzo.
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� A SANTA MAR�A REINA | 22 de agosto
Dios todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre de Tu Unig�nito, conc�denos que, protegidos por su intercesi�n, alcancemos la gloria de tus hijos en el reino de los cielos. Por nuestro Se�or Jesucristo. Am�n.
Salve
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de l�grimas. Ea, pues, Se�ora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y despu�s de este destierro mu�stranos a Jes�s, fruto bendito de tu vientre. �Oh clement�sima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen Mar�a!
V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Se�or Jesucristo. Am�n.
Himno
Reina y Madre, Virgen pura,
que sol y cielo pis�is,
a vos sola no alcanz�
la triste herencia de Ad�n.
�C�mo en vos, Reina de todos,
si llena de gracia est�is,
pudo caber igual parte
de la culpa original?
De toda mancha est�is libre:
�y qui�n pudo imaginar
que vino a faltar la gracia
en donde la gracia est�?
Si los hijos de sus padres
Toman el fuero en que est�n,
�c�mo pudo ser cautiva
quien dio a luz la libertad? Am�n.
Oraci�n
Reina dign�sima del mundo, Mar�a Virgen perpetua, intercede por nuestra paz y salud, t� que engendraste a Jesucristo nuestro Se�or, Salvador de todos. Am�n.
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� EL VALOR DE LA ORACI�N | Espiritualidad
"Las virtudes est�n formadas por la oraci�n. La oraci�n preserva la templanza. La oraci�n suprime el odio. La oraci�n previene de emociones de orgullo y envidia. La oraci�n trae al alma al Esp�ritu Santo, y eleva al hombre hasta el Cielo".
San Efr�n naci� hacia el a�o 306 en Nisibis, Mesopotamia, y se hizo di�cono. Fund� una escuela teol�gica. Eximio escritor y predicador. Luch� contra el gnosticismo y el arrianismo en sus escritos, incluyendo poemas e himnos. Falleci� en el a�o 373. Fue proclamado Doctor de la Iglesia en 1920.
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� LA ORDEN DE LOS CARTUJOS | Fundada por San Bruno, a�o 1084
La Orden fue fundada en el a�o 1084 por San Bruno, quien naci� en Colonia cerca del a�o 1030. Fue un profesor muy estimado de la escuela aneja a la catedral de Reims, a la que dio fama europea, y se encontraba en la cumbre de esta celebridad cuando decidi� seguir lo que consideraba su verdadera vocaci�n: dejar el mundo y los honores para vivir s�lo para Dios y "abrazar la vida mon�stica".
Con 6 compa�eros y despu�s de varios intentos que no le satisficieron, lleg� a Grenoble, atra�do por la reputaci�n del joven obispo reformador, San Hugo. Pero �ste hab�a visto a Dios en sue�os que constru�a una morada en el centro de una monta�a llamada "Chartreuse", lugar �ste tan poco habitado que se llam� "desierto"; siete estrellas le indicaban el camino.
Hugo vio en la llegada de Bruno y de sus 6 compa�eros la respuesta de la Providencia a este sue�o misterioso. All� fue a donde condujo a sus visitantes. Fue en junio de 1084 cuando Bruno reconoci� en este sitio solitario el lugar que estaba buscando.
Se construyeron de modo r�pido celdas de madera. Una galer�a las un�a a una capilla y a algunos edificios destinados a la vida comunitaria, ya que Bruno pensaba que era necesario asociar al rigor de una vida solitaria un elemento importante de la vida fraternal y comunitaria. Fue esta asociaci�n la que har�a la principal originalidad de la Orden de los Cartujos, que naci� as�.
Los Cartujos son contemplativos que dedican, en el silencio, toda su existencia a Dios. Su vocaci�n se desarrolla bajo dos formas:
- Los Padres son sacerdotes, que la mayor parte del tiempo, viven en el silencio de su casita llamada "celda";
- Los Hermanos, adem�s de su vida contemplativa, ejecutan las obras necesarias para la vida del Monasterio.
Despu�s de seis a�os de vida en Chartreuse, y por el renombre de su fama, Bruno fue llamado por el Papa Urbano II, uno de sus antiguos disc�pulos, para ayudarle con sus consejos. El Papa no le retuvo mucho tiempo en la corte pontifical y, consciente de la vocaci�n profunda de Bruno, le permite crear un nuevo retiro de silencio y de soledad en Calabria, donde se retir� hasta su muerte, el 06 de Octubre 1101.
No se escribi� ninguna regla de la Orden en aquel momento: se conform� simplemente seg�n las costumbres instauradas por San Bruno y sus compa�eros. Fue Guighes, quinto prior de la Orden, quien emprendi� la tarea de redactarlas cerca del a�o 1125. En efecto, otros monasterios de "Cartujos" fueron fundados y era necesario dejar por escrito el fruto de las inspiraciones de San Bruno.
A la vez que detallan el modo de vida del monje, estos Estatutos comunican el esp�ritu que es la base de la vida solitaria: el silencio de la celda, el rezo continuo, el trabajo humilde y pobre, pero tambi�n la vida fraternal, el rezo lit�rgico en com�n, la obediencia tanto al superior de la casa (el Prior) como al Cabildo General que toma todas las decisiones que ata�en a la vida de la Orden.
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� sin l�deres no hay futuro | Crisis cultural
Dios constituy� el universo de forma jer�rquica. As�, Santo Tom�s ense�a que la desigualdad es algo querido por Dios en s� misma, y que odiar la desigualdad es odiar a Dios mismo (Summa Contra Gentiles, II, 45; Summa Teologica, I, q. 47, a. 2; I, q. 50, a. 4; I, q. 96, a. 3-4). La diferencia entre temperamentos y psicolog�as, as� como la desigualdad de carismas generan culturas locales, se proyectan en luces particulares de familias, regiones, naciones y civilizaciones. De misma forma la organizaci�n de una sociedad precisa de una jerarqu�a org�nica que, a semejanza de un cuerpo, dirija las acciones de los diversos miembros, encamin�ndolos al bien com�n, respetando las consideraciones particulares.
La falta de dirigencia natural lleva forzosamente a un caos. La imposici�n autoritaria de directores de c�rceles colectivas, a ejemplo del nacionalsocialismo o de los otros socialismos, lleva al mismo resultado: la destrucci�n de los tejidos sociales.
La ausencia de pastores diezma el reba�o. Es una invitaci�n abierta para los lobos. Cualquier abusador, tramposo, estafador o delincuente har� de la ciudad su coto privado si no hay gobierno ni orden. Una visi�n panor�mica de las naciones contempor�neas confirmar� este elemental principio social. Casos como Argentina, Brasil, Per�, o Venezuela son ejemplos elocuentes de las consecuencias de la falta de una dirigencia real. El problema en el resto delas naciones no es menos clamoroso, pero requiere una mirada atenta a los s�ntomas y consecuencias. No ofrecen, reconozc�moslo, lo "patente" de un caos social cruento. Y los l�deres pandilleros que podr�a mencionarse no equivalen a dirigentes reales como tampoco lo ser�a un tirano que aparenta mantener el orden entre sus oprimidos a trav�s del control de las armas y la privaci�n de las libertades fundamentales.
Podr�a objetarse que existen, sin embargo, dirigencias reconocibles. Ah� est� - se podr�a alegar - la clase empresarial, pol�tica, religiosa, militar, educativa, profesional, art�stica, etc. Pero, responderemos, no basta con que se pueda distingu�rseles como dirigentes. Es preciso que act�en como tal y para ello no basta con dictar tendencias o imponer ideas. Se requiere que act�en como lo exige su posici�n, que conduzcan al bien com�n, que concreten el verdadero progreso, que es tan material como espiritual. Progreso que jam�s se aparta de los mandamientos ni de la ley natural, pues si el mal es ausencia de bien, de ninguna forma de mal se puede obtener un bien. Antes, por el contrario, s�lo se puede esperar destrucci�n, da�o y muerte.
Por ello no basta poder conducir. Es preciso saber conducir. Y para saber conducir es necesario saber distinguir, porque distinguir es la base de bien pensar y bien decidir.
Si la cabeza no sabe pensar, si el coraz�n no sabe querer y el alma no tiene voluntad, estamos condenados a morir. Pero si se sabe saber, si se quiere querer y se desea bien, no hay desastre - f�sico o moral - que no pueda superarse. La historia, verdadera maestra de vida, nos se�ala luminosos ejemplos y saludables advertencias.
El gran problema de nuestras dirigencias no consiste tanto en ser rechazadas en cuanto tales - aunque casos hay de revoluciones de ese tenor, como la venezolana - sino mas bien en no saber y no querer. Unos son realmente culposamente ignorantes en materias trascendentes. Otros no pecan de ignorancia sino de corrupci�n en el querer. Quieren mal, cosas malas o no tienen voluntad de querer bien.
Si nuestros dirigentes no saben qu� buscan, qu� quieren y qu� no quieren, se equivocan ellos y nos llevan a todos al abismo. Son ciegos conduciendo a otros ciegos. Y, como cualquier ignorante o enga�ado, creen encontrar cosas que no son y se admiran de ello. No pocas veces nos presentan errores viejos como novedades asombrosas. Las clases "cultas", quienes gu�an a los menos cultos, menos preparados o poderosos, no saben qu� buscar y nos hunden con el peso de sus culpas.
La pobreza inaudita de nuestros tiempos no es m�s que la imagen y consecuencia material de una pobreza anterior: la pobreza de verdad, de certezas, de recta voluntad y sana raz�n. La pobreza actual es el resultado de una pobreza pasada, hija de la apostas�a intelectual, moral y dirigente de nuestros custodios. Si falta la ra�z, no se esperen buenos frutos. Pueden gastarse millones de d�lares en intentar mejorar el sabor o el color de los frutos, pero si la ra�z est� corrupta, si falta la base, ser� una empresa tan colosal como est�ril.
Si hemos de buscar soluciones, no se ha de apuntar a dispersar esfuerzos en los millones de frutos, sino que se gana aplic�ndonos en mejorar las ra�ces. No es con meras "obras solidarias" como se reforma la sociedad. Hemos de poner tambi�n atenci�n a poderosos y dirigentes. De ellos han de salir los remedios para los millones de pobres y afligidos cuyas necesidades - espirituales y materiales - pueden ser ampliamente cubiertas por sus superiores inmediatos y mayores.
La gran crisis contempor�nea es, por tanto, una crisis que no se origina en aspectos parciales de la econom�a o de las legislaciones particulares. Nace y se explica - como se soluciona - en cuestiones superiores y primarias como son la moral o los principios. Es, en el fondo, una cuesti�n doctrinaria. Perder las referencias de lo bueno y lo malo, de lo justo y lo injusto, lo verdadero y lo falso es romper el tim�n de un barco, abandon�ndolo a los caprichos de los vientos. Vientos que, en cuestiones humanas, siempre soplar�n fuerte desde la fauces del Maligno, le�n furioso que rodea a los hombres para perderlos, como nos ense�a el ap�stol San Pedro. Y el acrecentamiento de las bases morales forma la base del enriquecimiento integral de las nuevas generaciones, herederas espirituales y materiales de sus mayores.
Esa referencia de lo bueno, lo justo y lo bello - el 'aret�' griego, el fundamento de la verdadera aristocracia - fue la base de la prosperidad de las naciones, del engrandecimiento de los pueblos, del esplendor de las civilizaciones. La supervivencia de determinados elementos propios del orden natural permiti� ciertos aspectos de progreso material en las generaciones sobrevivientes a las apostas�as colectivas. Tal fue el caso del desarrollo comercial de los pa�ses protestantes, donde no se pueden extrapolar progresos espirituales o morales paralelos a los materiales.
La corrupci�n de las dirigencias aunada con la apostas�a generalizada a las referencias ciertas e inmutables de la Verdad, Belleza y Justicia, han ramificado en la corrupci�n espiritual y material de los pueblos.
En el fondo, las dirigencias no son cultas. Quiz�s manejan muchos datos t�cnicos o criterios pr�cticos. Hasta podr�amos conceder que puedan ser especialistas en alguna materia espec�fica, que sepan mucho de una peque��sima porci�n de conocimiento. Pero no se han cultivado en el sentido integral que exige la perfecci�n cristiana. Ni aman esa perfecci�n. Como ni�os encandilados con un caramelo, abandonan lo precioso y se prenden de lo fascinante, ya sea una idea, l�der o ganancia. Las banderas se van abandonando a la vera del camino, como durante la cruenta Pasi�n de Nuestro Se�or Jesucristo fueron cayendo cada uno de los ideales que sus hijos deb�an defender en ese augusto momento. Las soberan�as nacionales, las autenticidades culturales, las leyes naturales, la libertad aut�ntica, el progreso verdadero y el futuro de sus hijos van siendo traicionados por aut�nticos platos de lentejas, como en el caso de Esa�. Ahora el plato es la figuraci�n social, la vida en la prensa, el lucro insaciable, el amor desordenado a sus bienes. Y, en cuanto Dios dispuso de ellos otorg�ndoles tales posiciones, la traici�n y abandono de sus deberes resulta en el desorden social m�s completo. La corrupci�n de la cabeza redunda en la descomposici�n de todo el cuerpo.
No son cultos en tanto que la cultura implica perfecci�n, mejoramiento, un hacimiento del bien en todo y para todo. No son analfabetos, claro est�. Tampoco carecen de medios econ�micos ni de poder. No ignoran otras lenguas ni han dejado de viajar. Algunos hasta tienen "buenas maneras". Pero carecen de cultura, de una buena formaci�n intelectual y de un discernimiento claro respecto a lo bueno y lo malo. En sus mentes y corazones hay desorden, ignoran la l�gica, son superficiales en su observaci�n. No comprenden el arte de la recta pol�tica, ni analizan la historia con seriedad. Carecen de sentido est�tico y de ideales de perfecci�n. Visto el conjunto, el panorama - si la gracia estuviese ausente de la vida de los hombres - ser�a desalentador, desesperante. En ellos mismos est� la causa de su desprestigio y de la desconfianza de los pueblos.
Ya no queda ni el consuelo de hombres cultos por m�s que sostuviesen errores de pensamiento, porque su sentido com�n, sus conocimientos, la formaci�n intelectual y moral eran garant�as de cierto progreso relativo. Carentes de la filosof�a m�s elemental, del uso de la l�gica, ignorantes de la cultura m�s b�sica, sin sensibilidad est�tica, incapaces de sostener una vida moral coherente, no tenemos personas cultas. Personajes conocidos, con renombre, poderosos, influyentes, o lo que se quiera decir de ellos, pero no son cultos, y por tanto no sirven como dirigencia. Su corrupci�n corrompe m�s que la corrupci�n "de abajo".
La cultura no es una cuesti�n de apariencia as� como la dirigencia no es una cuesti�n de renombre. No son cuestiones superficiales. Puestos en una conversaci�n seria o frente a una decisi�n trascendente que los aparte de sus conocimientos inmediatos o de sus conveniencias directas para que el barniz caiga y queda el vac�o real. Prueba de ello es el triunfo de errores, fraudes y enga�os entre la dirigencia. Los estafadores s�lo precisan envolver con los tonos y colores que agraden a esos niveles para que cualquier contenido sea comprado sin reservas. No poseen elementos de juicio para rechazar o aprobar, para aconsejar o advertir. Ca�dos ellos, caen todos. Prefieren caer con todos que levantarse solitarios.
Es urgente dotar a las clases dirigentes de una correcta formaci�n intelectual y moral. Es preciso catequizar a los superiores para garantizar un buen gobierno.
Debemos urgir a los forjadores de opini�n, a los medios de comunicaci�n de buena doctrina, a quienquiera que pueda influir en las camadas superiores de la sociedad, a que no s�lo informen. Deben formar tanto como informar, aunque ello contraiga complicaciones, enemistades y la consiguiente impopularidad.
Lo cual nos lleva a una �ltima cuesti�n. La gratuidad de los medios de comunicaci�n existe para el usuario, no para el medio. Y si el financiamiento de los medios de comunicaci�n depende esencialmente de la popularidad, del "rating", de su capacidad de generar espectacularidad y repercusi�n, entonces su contenido deber� bajar el nivel hasta lo popular-masivo, hasta la noticia-espect�culo, hacia el contenido-sensacional, hacia la informaci�n light y pol�ticamente correcta. No existe pauta publicitaria para quienes se aparten de los c�nones mundanos y "pol�ticamente aceptables".
Por lo tanto, si es grave la falta de dirigencia, tanto m�s grave es la falta de medios formadores de dirigencia. Sin formaci�n quedamos encerrados en un circulo literalmente vicioso, porque incapaces de financiarse a s� mismos, los medios requieren del compromiso de las fuentes naturales de sustentaci�n de obras de bien p�blico.
Nuestra Se�ora en F�tima hizo particular cuesti�n de la crisis de dirigencia para el mundo si no se convert�a y reparaba. Una crisis sin precedentes en toda esfera de la vida humana. A esa crisis debemos oponer lo mejor de nuestras luchas y trabajos, exigiendo a nuestros superiores la santidad ordenada por Dios para su estado de vida e influyendo en nuestros subordinados para la pr�ctica de la virtud y su conducci�n por el recto orden natural.
Este colosal esfuerzo de restauraci�n de la dirigencia no puede hacerse sin la gracia de Dios, por lo tanto, hemos de convertirnos, reparar y rezar. Y con la oraci�n, la acci�n debida. Tenemos a Dios interesado de nuestra parte, por m�s que los o�dos y corazones sordos del mundo se le opongan.
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� Nuestra Se�ora DE SACAPARTE | Alfaiates, Portugal
Corr�an los tiempos del Rey D. Dinis, cuando D. �lvaro Nunes de Lara cay� en disputa con el hijo y sucesor de D. Alfonso el Sabio. Refugi�ndose en Portugal, el hidalgo castellano arm� una hueste para recuperar los bienes que disputaba haber sido mal habidos por el heredero real. Favorecida su causa por D. Alfonso, hermano del rey D. Dinis, comenz� a hacer incursiones militares por Ribacoa, fronteriza con Castilla.
Levantada la contienda, se trabaron tan fiero combate que entrada la noche los partidarios del hidalgo y sus portugueses amigos se vieron en peligro de muerte. inspirados por la piedad filial, invocaron a Nuestra Se�ora del Incienso para que los sacase de tal trance. Y clamaron a Ella con estas voces: Oh! Virgen, s�canos a buena parte, ponnos a salvo. Y, de modo inexplicable, las cosas se ordenaron de modo tal que Lara y sus partidarios pudieron replegarse hasta la frontera portuguesa sin el menor rasgu�o o mal. Desde aquel entonces esta imagen qued� con el nombre de Nuestra Se�ora de Sacaparte (Quelhas Bigotte, "O Culto de Nossa Senhora na Diocese da Guarda", p�g. 341-44)
Hoy en d�a el Santuario se emplaza en la parroquia de Alfaiates, donde se venera devotamente a Nuestra Se�ora da P�voa y a Nuestra Se�ora del Carmen. Su data es remota, siendo dos arcos interiores y otros detalles estructurales de marcado acento celta, lo que indicar�a haber sido construido sobre ruinas anteriores. En 1321 el templo fue tasado en 8 libras y en 1450 fue donada a la orden de Santo Domingo. El templo est� constituido por tres naves separadas por gruesas columnas, habiendo sido las figuras religiosas dise�adas para tales efectos.
La sagrada imagen de Nuestra Se�ora de Sacaparte viste un traje nobiliario del siglo XVIII y el Divino infante porta el vestuario de un pr�ncipe del 1700. Junto con Ella son veneradas las de Nuestra Se�ora del Carmen - en cuya honra se fund� una Hermandad que extiende sus miembros por todo Portugal - y la de Nuestra Se�ora de P�voa, la de mayor veneraci�n en la actualidad. La Cofrad�a promueve cuatro fiestas anuales: el 25 de Marzo, el domingo siguiente de Pentecost�s, el 15 de Agosto y el 8 de Septiembre.
La Ermita de Sacaparte fue donada en 1746 por D. Jo�o V a la Orden de los Cl�rigos Agonizantes, conocidos como los Padres de la Congregaci�n de San Camilo de Lelis. El convento se cerr� en 1834 cuando el gobierno mas�nico-liberal expuls� las �rdenes religiosas de Portugal. Fue reabierto en el siglo XX con el restablecimiento de la normalidad.
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� AMOR A SAN JOS� | Consideraciones
Poco meditamos en la perfecci�n de la santidad de San Jos�. Considera su amor de Dios, la premura que siempre tuvo en servirle, la obediencia, la caridad y la castidad que coronaron toda una vida de trabajo y oraci�n. Y piensa ahora en cu�nto nos ama el bondadoso Patriarca, cu�nto desea nuestra salvaci�n. Sabemos cu�n grande ha de ser su poder: �cu�n grande no deber� ser nuestra confianza en su patrocinio y valimiento! �l posee el tesoro de todas las virtudes; �l nos alcanzar� fe viva, animar� con la esperanza nuestra alma, encender� en amor divino nuestro coraz�n; piensa en sus virtudes: humilde, obediente, casto, devoto, paciente y obrador de toda clase de buenas obras, �no hemos de pedirle que nos alcance la gracia de aprender a imitarle?
Sea cualquiera el apuro o aflicci�n en que nos encontremos, San Jos� nos har� salir bien de todo. Nadie que fuese verdadero devoto suyo llam� jam�s en vano a la puerta de su coraz�n. Su ternura es tan grande, que no hay pena que no le conmueva; su amor es tan desinteresado, que nada desea como nuestro propio bien y se complace en �l. A Jos�, juntamente con Mar�a, entreg� Jes�s las dos llaves del para�so. Seamos devotos del Santo Patriarca, confiemos en �l, imit�mosle en sus virtudes, pid�mosle sin cansarnos, y San Jos� nos abrir� la puerta.
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