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A comienzos de este a�o, nuestra revista sufri� un duro rev�s. Tras cuatro a�os de ofrecer publicaciones semanales y otros servicios asociados con el esfuerzo de nuestro equipo editorial y colaboradores, nos enfrent�bamos al triste trance de su cierre, debido a la falta de medios para sostener la infraestructura necesaria para su funcionamiento, y a que nos fuera arrebatada la direcci�n en la cual emplaz�bamos nuestra obra. A la pena de ver languidecer a ese �hijo� que hab�amos nutrido con amor y dedicaci�n durante tantas jornadas de trabajo, tuvimos que agregarle el dolor de no poder comunicar a nuestros lectores aquello que desde meses antes del cierre ven�amos previendo: que nos era imposible seguir adelante sin ayuda de almas generosas que apoyaran siquiera alguno de nuestros apostolados, nacidos de un profundo amor filial a la Santa Iglesia.
Sin embargo, Dios no abandona a sus hijos, y respondi� a nuestras s�plicas d�ndonos algunos medios para seguir adelante. As�, acrisolada tras la prueba pasada, resurge esta publicaci�n que tanta gente ha seguido con afecto e inter�s a lo largo de meses y a�os, y que gustosos brindamos, sin ning�n inter�s personal, a todos nuestros lectores.
Las obras no se hacen solas, e Internet ha generado en algunos cierta sensaci�n de estar tratando m�s con m�quinas que con seres humanos. Como evidentemente eso no es cierto, y las m�quinas s�lo son el medio que hace posible la difusi�n del trabajo de muchas personas, que necesitan subsistir para seguir trabajando en favor de los dem�s, lo ocurrido no fue m�s que la evidente consecuencia de mucha demanda y muy poca ayuda.
A pesar de todo, volvemos a nuestra tarea con renovadas energ�as, y estamos trabajando mucho en el pr�ximo relanzamiento de Revista Cristiandad.org y sus servicios. Hasta entonces, presentamos a ustedes esta gacetilla semanal que, aunque carente de muchos adornos, busca ofrecer a sus lectores un poco de aquel material que se ha ido esfumando de la Red en este �ltimo tiempo, y que trae algo de sobrenaturalidad a las vidas m�s antropoc�ntricas a que nos vienen acostumbrando.
Que Dios los bendiga por su amistad y buena voluntad por una obra que tiene su raz�n de ser en la vida y la salud de todas las almas. Rogamos a ustedes sus valiosas oraciones por el buen funcionamiento de esta iniciativa, encomend�ndonos en las inmaculadas manos de Mar�a Sant�sima para la consecuci�n del bien apost�lico a que aspiramos desde el nacimiento de estas publicaciones. Por nuestra parte, nosotros ofrecemos nuestras preces por todos ustedes, por las intenciones del Santo Padre y por la exaltaci�n de la Santa Fe Cat�lica, Apost�lica y Romana, en que rogamos bien vivir y morir.
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Cynthia Caden Editora General | Revista Cristiandad.org
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� amor de dios | San Francisco de Posadas
San Francisco de Posadas era extraordinariamente piadoso cuando era ni�o, y tras hacerse Dominico predic� exitosamente en el sur de Espa�a y fue notable como confesor que pod�a leer los corazones y descubrir pecados voluntariamente ocultados.
Experiment� muchas levitaciones y otros favores m�sticos. Uno de esos favores tuvo lugar mientras celebraba la Santa Misa y estaba pronunciando las palabras de Consagraci�n. Su cuerpo se elev� en el aire y permaneci� suspendido, para la muda sorpresa de la congregaci�n.
Cuando descendi�, vieron que hab�a sido acompa�ado con una gran luz, las arrugas de su rostro hab�an desaparecido, su piel parec�a transparente como cristal, y sus mejillas estaban rojas y calientes como el fuego. Esto indic� a muchos el ardiente amor de Dios que albergaba en su alma.
San Francisco naci� en el a�o 1644 en C�rdoba, Espa�a, y falleci� en el a�o 1713. Su festividad se celebra el 20 de septiembre.
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LA PALABRA "CANON" viene del griego kanon, que significa vara, ca�a y por extensi�n un instrumento de medida, una regla o norma. Se aplica el t�rmino a la lista de libros normativos: el canon b�blico es el conjunto de los libros que la Iglesia ha reconocido como inspirados por Dios y, en este sentido, es sin�nimo de Sagradas Escrituras.
El uso de la palabra en las Escrituras lo encontramos en G�latas 6:16, Filipenses 3:16, donde significa que �la nueva creaci�n� es el canon para el nuevo pueblo de Dios, �la regla�, la norma del cristiano (2 Corintios 10: 13-16).
En oposici�n al canon se llama ap�crifo a todo escrito que, habiendo pretendido o pretendiendo todav�a la canonicidad, no es inspirado y, por lo tanto, no es reconocido por el pueblo de Dios.
La Iglesia reconoci� como can�nicos �nicamente aquellos libros que reunieron las siguientes caracter�sticas propias de todo escrito portador de la Revelaci�n Divina: Inspiraci�n divina; Apostolicidad en el caso del N.T. y Profetismo en el A.T., que son la garant�a de la inspiraci�n divina requerida; Unidad de la doctrina, que se deduce de los puntos anteriores y es su corolario; y Autenticidad, es decir, genuinidad del escrito en cuanto a la paternidad que se atribuye, fecha, etc., a prueba de la cr�tica honesta.
El canon cristiano, por tanto, consiste en los 39 libros del Antiguo Testamento y los 27 libros del Nuevo Testamento, y se considera cerrado en el siglo I, lo cual significa que ya no puede haber m�s revelaciones que pasen a formar nuevas Escrituras sagradas.
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� Santa SUSANA | 11 de agosto
Era la hermosa hija de San Gabino, un noble romano, y nieta del Papa Cayo. Vivi� durante los comienzos del reinado de Diocleciano, cuando comenz� la �ltima gran escalada de persecuciones. Hizo voto privado de virginidad, y no queriendo ser parte de una familia que asesinaba a su familia en la fe, se rehus� a casarse con Maximiano, hijastro de Diocleciano.
Su piedad era tal que convirti� a Claudio y Maximo, familiares y mensajeros enviados por el mismo Maximiano a buscarla. Como venganza por su rechazo, fue expuesta como cristiana, la golpearon y finalmente le cortaron la cabeza en la casa de su padre, en Roma. Era el a�o 295. Fue enterrada por la esposa de Diocleciano, una cristiana oculta, y la casa se convirti� luego en la iglesia original con su nombre. Una parroquia e iglesia romana tom� su nombre desde el siglo quinto. Su festividad se celebra el 11 de agosto.
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� L�grimas del Sol | "Tears of the Sun", 118 min., 2003
Una pel�cula tan sepultada por la prensa como defenestrada por la cr�tica. �El problema con la producci�n? Ciertamente no es la blasfemia, ni la inmoralidad, ni una leyenda negra. De ser as� habr�amos visto modas y clamorosas defensas del derecho a verla. El "crimen" del director Antoine Fuqua fue no haber pintado las cosas como las quiere la "gran critica". Por ese motivo se lo comieron vivo. Como bot�n de muestra de lo pol�ticamente incorrecto sirve el colof�n con que cierra la cinta: "Lo �nico que falta para que el mal triunfe es que los buenos no hagan nada".
La frase de Burke refleja el fondo de la producci�n. Dejemos los inevitables estereotipos aparte. La trama se centra en el dilema �tico del deber de intervenci�n, originado en los mandamientos, que obligan al poderoso a asistir al d�bil y necesitado. Un tipo de intervenci�n que las izquierdas condenan con alaridos pero que no tardan en alabar e imponer cuando se trata de intervenir en otras naciones, aplastando las soberan�as nacionales a trav�s de invenciones pseudo-legales globalizadoras.
La pel�cula en cuesti�n est� bien trabajada. La met�fora f�lmica incorpora acertadas escenas de acci�n, una fotograf�a muy cuidada, acertados efectos especiales, evita excesos truculentos y no contiene las ahora infaltables escenas impuras de pel�culas b�licas modernas. Pasemos al argumento. Dijimos met�fora porque el problema �tico se sit�a en Nigeria. Bien podr�a ser Liberia, Ruanda, Sud�n o cualquier pa�s africano desangrado por las persecuciones tribales, pol�ticas y religiosas. Nigeria no fue un ejemplo desacertado. por estos d�as nos vamos enterando de las �rdenes de bloquear las 140 cuentas en las que el ex dictador de Nigeria, Sani Abacha, manten�a la friolera de 654 millones de d�lares, robados a costa de la miseria m�s inaudita en que somet�a a su pueblo.
Continuemos con el film. Aqu� el Tnte. A.K. Waters (Bruce Willis) de las fuerzas especiales S.E.A.L. de la Marina de los EE.UU, recibe la orden de rescatar a la Dra. Lena Fiore Kendricks (Monica Belucci), quien desde la muerte de su marido en tierra africana dirige un centro m�dico humanitario, con la cooperaci�n de la Iglesia. Junto a ella trabajan - bajo el constante peligro que constatan los listados anuales de martirios - un sacerdote y dos religiosas. La Dra. Kendricks se opone a huir dejando a los enfermos a merced de la dictadura golpista, pero accede a retirarse de la zona de riesgo si se protege a 70 personas a su cuidado. el Tte. Waters recibi� ordenes estrictas confirmadas por radio: Estados Unidos no puede socorrer a los ciudadanos en peligro porque significar�a involucrarse en pol�tica local. La familia presidencial ha sido ejecutada y el Tte. Waters decide realizar una riesgosa traves�a con los enfermos, apart�ndose de las �rdenes oficiales. A su paso constatan en carne propia la brutalidad del conflicto.
El suspenso aumenta con tiempo. Deben llegar hasta la frontera para estar a salvo mientras son perseguidos por las tropas golpistas en medio de la selva, que buscan a un hombre clave infiltrado entre los enfermos al cuidado de la Dra. Kendricks y el ej�rcito norteamericano, que ha tomado su participaci�n como una cuesti�n �tica irrenunciable. No dudamos en recomendar esta pel�cula que al parecer cometi� el crimen de denunciar la impasibilidad de occidente con las guerras que no sirven a los intereses de las izquierdas. No es un panfleto antibelicista ni anticapitalista. No se presta a difamar a la Iglesia ni a acallar la complicidad para con los tiranos y sus guerras.
Si bien contiene conceptos de gran fuerza emocional y doctrinaria, es una pel�cula recomendable para toda la familia, a partir de los 14 a�os.
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� nuestra se�ora de la nube | Quito, Ecuador
El 30 de diciembre de 1696, en circunstancias de que en la ciudad de Quito se celebraba una gran romer�a en honor de la Virgen, por la salud del prelado Mons. Andrade, gravemente enfermo desahuciado por los m�dicos, al llegar la procesi�n a la Iglesia de San Francisco, se apareci� en los aires, en medio de una nube, la Sant�sima Virgen con el Ni�o en brazos, rodeada de resplandores, y tambi�n llevaba una vara de azucenas en la diestra. Esto ocurri� como a las cinco de la tarde y fue presenciado por todos los romeros, de todo lo cual se levant� la correspondiente acta, con las declaraciones de todos ellos y desde ese momento el Sr. Obispo comenz� a mejorar hasta quedar completamente sano.
Con el m�rito de esta informaci�n, la Autoridad Eclesi�stica autoriz� llevar al lienzo la Santa Imagen de Nuestra Se�ora de la Nube, que se venera en uno de los altares de la Catedral de Quito, desde donde surte especialmente un reguero de gracias dando salud a los enfermos.
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� El ADOPCIONISMO | Bizancio, siglo II
Seg�n esta herej�a, que tuvo como autor a un rico curtidor de pieles, Teodoto de Bizancio, Cristo era solamente un hombre, al que Dios adopt� como hijo en el momento de su bautismo y al que confiri� una potencia divina para que pudiera llevar a cabo su misi�n en el mundo. Excomulgado por el Papa V�ctor hacia el a�o 190, Teodoto fund� su secta, la cual tuvo, a mediados del siglo III, su �ltimo representante en Artem�n o Artemo que ense�aba en Roma.
Una variante del adopcionismo de Teodoto de Bizancio es el error de Pablo de Samosata, que fue obispo de Antioquia, entre el 260 el 268; �ste, para conservar la unidad divina, sosten�a que Jes�s no era Dios sino un hombre como los dem�s, pero con la diferencia de que, a �l, el Verbo se le hab�a comunicado de una manera especial, inhabitando en �l.
Un matiz muy distinto tiene el adopcionismo del espa�ol Elipando de Toledo y F�lix de Urgel (siglo VIII), los cuales admit�an la Trinidad y ense�aban una doble adopci�n de Cristo: una divina y otra humana; como hombre, Cristo era solamente hijo adoptivo de Dios, pero como Dios era verdadero Hijo de Dios.
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� Santa Anstrudis de Laon | Abadesa
Era hija de San Blandino y Santa Salaberga, fundadores del Convento de San Juan Bautista, en Laon, y hermana de San Balduino. Cuando Santa Salaberga abandon� el mundo para convertirse en abadesa del convento, Anstrudis fue con ella. Se convirti� en abadesa, a su pesar, tras la muerte de su madre. Fue notoria por el cuidado de sus hermanas, sus vigilias y las austeridades autoimpuestas.
Ebroin, alcalde del Palacio, comenz� una viciosa persecuci�n contra la Iglesia, y asesin� a su hermano San Balduino. Amenaz� a Santa Anstrudis, pero ella le venci� con su fe. Finalmente muri� de muerte natural, en el a�o 688.
Su festividad se celebra el 17 de octubre.
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� A LA ASUNCI�N DE LA SANT�SIMA VIRGEN A LOS CIELOS | 15 de agosto
ALEGR�MONOS EN EL SE�OR, al celebrar la festividad de la Sant�sima Virgen Mar�a, de cuya Asunci�n al Cielo se alegran los �ngeles y alaban juntos al Hijo de Dios.
Se�or Dios nuestro, imploramos vuestra clemencia para que, cuantos celebramos al Asunci�n de la Madre de Dios al Cielo, nos vemos libres, por su intercesi�n, de todos los males que nos amargan. Os lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Se�or. Am�n.
Para obtener las gracias que hemos pedido, saludaremos a la Sant�sima Virgen con las siguientes
DEPRECACIONES
1. Oh Mar�a, por vuestro santo reposo, alcanzadme a m� una muerte libre de todo pecado. Am�n. Avemar�a.
2. Oh Mar�a, por vuestro despertar a una vida inmortal y gloriosa, obtenedme que resucite yo glorioso con los justos en el �ltimo d�a. Am�n. Avemar�a.
3. Oh Mar�a, por vuestra Asunci�n al Cielo, en cuerpo y alma, alcanzadme que logre yo salvar mi alma y gozar eternamente en vuestra compa��a. Am�n. Avemar�a.
4. Oh Mar�a, por vuestra exaltaci�n sobre los �ngeles y por vuestro poder sobre los demonios, alcanzadme que venza al infernal enemigo y que sepa dominar mis pasiones. Am�n. Avemar�a.
5. Oh Mar�a, por vuestra coronaci�n sobre todo lo creado y por haber sido elegida Abogada de todos los hombres, alcanzadme una filial confianza en Vos y acordaos de m� en todas mis necesidades, peligros y tentaciones. Am�n. Avemar�a.
ANT�FONA
La Virgen Mar�a ha sido llevada al Cielo, y ha sido exaltada sobre todos los �ngeles.
ORACI�N
Oh Se�or, os pedimos que nos proteja a todos nosotros la oraci�n de la Madre de Dios, la cual ha sido llevada al Cielo y coronada por Reina de todo lo creado. Os suplicamos tambi�n que, ya que no podemos agradaros con nuestras solas obras, nos salvemos por la intercesi�n de la misma Virgen Mar�a. Am�n.
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� ATRIBUTOS DEL ALMA | Metaf�sica
"El alma es simple, invisible, incorp�rea, no dividida en partes como el cuerpo, presente como un todo en cualquier cosa que haga. El alma no est� en un lugar particular� As� como Dios est� en todas partes, as� el alma se encuentra en todas partes en el cuerpo, m�s poderosamente en el coraz�n y el cerebro, as� como uno dice que Dios est� de especial forma en el Cielo."
Santa Alphais. (1211) Penitente francesa. En su juventud contrajo lepra y luego perdi� sus piernas y brazos. Se alimentaba s�lo de la Santa Comuni�n (don de la inedia). Fue consejera de la Reina Adela de Francia. Antes de morir la Sant�sima Virgen cur� sus dolencias. Es patrona de los inv�lidos y enfermos.
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� LA ORDEN DE SAN AGUST�N | Italia, 1224
La tradici�n mon�stica aceptada por los eremitas en 1244 tiene sus m�s tempranas ra�ces inmediatamente despu�s de la conversi�n de San Agust�n en Mil�n, cuando �l y algunos de sus amigos regresaron a su nativa Tagaste, abandonaron sus posesiones y comenzaron una vida de oraci�n y estudio como "siervos de Dios".
Ordenado sacerdote en el 391, San Agust�n consigui� un huerto en Hipona donde mand� construir un monasterio para su comunidad de hermanos. M�s tarde escribi� la Regla, inspirada en la comunidad cristiana de Jerusal�n.
Cuando le consagraron obispo de Hipona eligi� residir en su casa episcopal, pero continuando la vida comunitaria con su clero. M�s tarde erigieron, dentro de la ciudad, un monasterio para mujeres, constituyendo as� las tres formas de vida religiosa agustiniana: masculina, que abarca religiosos, laicos y cl�rigos, y la femenina.
El ideal agustiniano se extendi� a otras partes de �frica. Algunos de los hermanos fueron ordenados obispos y llevaron su anterior monacato a otras iglesias locales. En el siglo V hab�a aproximadamente 35 monasterios en �frica inspirados en la vida agustiniana.
Entre los a�os 430 y 570 fue introducido este estilo de vida en Europa por los monjes que hu�an de la persecuci�n de los v�ndalos. Hacia el 440 Quodvultdeus de Cartago la llev� a Italia, cerca de N�poles. En el 502 San Fulgencio de Ruspe lleg� a Cerde�a. Donato y otros veinte monjes la introdujeron en el sur de Espa�a por el 570, y es posible que algunos monjes llegaran a Francia.
El 16 de diciembre de 1243, el Papa Inocencio IV emiti� la bula Incumbit nobis invitando a numerosas comunidades erem�ticas de Toscana a que se unieran en una sola orden religiosa con la Regla y forma de vida de San Agust�n. El marzo siguiente, 1244, los ermita�os tuvieron el cap�tulo de fundaci�n en Roma bajo la direcci�n del cardenal Ricardo degli Annibaldi y se llev� a cabo la uni�n. As� comenz� la historia de la Orden de San Agust�n.
El Papa orden� a los ermita�os toscanos que eligieran un prior general y que formalizaran unas constituciones. Desde entonces empezaron a ser conocidos como Ermita�os de la Orden de San Agust�n.
Un ulterior desarrollo se produjo el 9 de abril de 1256 con la bula Licet Ecclesiae catholicae del Papa Alejandro IV. El Papa confirm� la uni�n de los Ermita�os del Beato Juan Bueno (Regla de San Agust�n, 1225), los Ermita�os de San Guillermo (Regla de San Benito), los Ermita�os de Brettino (Regla de San Agust�n, 1228), los Ermita�os del Monte Favale (Regla de San Benito), y otras congregaciones m�s peque�as con los Ermita�os Toscanos, dentro de "una profesi�n y regular observancia de la Orden de Ermita�os de San Agust�n".
La Gran Uni�n se llev� a cabo en un convento romano de la fundaci�n toscana de Santa Mar�a dei Poppolo, nuevamente bajo la direcci�n del cardenal Annibaldi, con delegados que vinieron da cada convento. Lanfranco Septala de Mil�n, anterior superior de los Ermita�os de Juan Bueno, fue el primer prior general de la Orden, que abarcaba 180 casas religiosas en Italia, Austria, Alemania, Suiza, Pa�ses Bajos, Francia, Espa�a, Portugal, Hungr�a, Bohemia e Inglaterra.
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� LA VERDAD DE LIBERIA | �frica subsahariana
�frica no suele ser materia de noticias salvo por grandes calamidades. Los medios de comunicaci�n y los �conos art�sticos planetarios no se suelen interesar en la gran tragedia que descompone a �frica desde los movimientos anticolonialistas. S�lo en los �ltimos 35 a�os, el continente negro se ha desangrado en 73 guerras. Guerras por las que nadie protest� ni se escandaliz�. Ning�n l�der las conden� ni se organizaron marchas de protesta. Guerras, dig�moslo de paso, que no por ser tribales han estado ausente la cuesti�n cristianismo/anticristianismo o comunismo/anticomunismo. Este caso es paradigm�tico en cuanto a guerra y sobretodo por la forma en que la cubren los medios de comunicaci�n. Para la mayor�a de los espectadores y periodistas, Liberia es un punto desconocido en el mapa. Nadie sab�a de Monrovia ni a�n se conoce mucho de una historia que bien valdr�a memorizar a la hora de desmitificar la historia moderna.
La Rep�blica de Liberia fue "inventada" hace m�s de un siglo, en 1847. Fue una soluci�n para los norteamericanos que no sab�an que hacer con los negros liberados de las plantaciones algodoneras de Virginia y Georgia tras la guerra fraticida de Secesi�n. Por eso se le llam� Liberia, tierra de libres. Probablemente el occidental medio s�lo conoce el Appartheid blanco de Sud�frica, vilipendiado no por sus elementos antinaturales, sino por sus elementos anticomunistas. El caso es que Liberia fue el inaugurador de un estado racista y esclavista a manos de esclavos liberados. Los colonos impuestos como dominadores en ese territorio aplicaron el mismo sistema contra el cual lucharon por discriminador y opresor. En nuestros d�as no se ven casos muy diferentes entre perseguidos que aplican los mismos sistemas de sus opresores.
Apenas creada la Rep�blica, los negros liberados impusieron un r�gimen que sirvi� de ejemplo a los totalitarismos posteriores. Prohibieron los "matrimonios mixtos" y dictaron leyes de segregaci�n racial que eliminaron cualquier derecho civil a los negros nativos, que representaban el 95% de la poblaci�n el pa�s. Por m�s de un siglo este r�gimen brutal sobrevivi� ante la vista y paciencia del mundo, hasta que a 133 a�os de la invenci�n de la rep�blica, Jon Doe, un sargento hastiado con los retrasos de su salario, tom� un fusil y asesin� al dictadorzuelo de turno. El caos le puso en el poder y se autoproclam� Jefe de Estado. Suprimi� el r�gimen de esclavistas y esclavizados reemplaz�ndolo por el de los suyos y los otros. Los de la tribu de Doe - los krahn - ten�an derechos, y el resto que se cuidara de no cruzarse en el camino. Y as� fue hasta que su ayudante, Charles Taylor, le rob� un mill�n de d�lares y parti�, bolsa en mano, a Estados Unidos. Am�rica no fue muy compasiva con sus cr�menes y manejos turbios. Al poco tiempo acab� con sus huesos en una celda federal y luego fue expulsado. De regreso en Liberia, contact� a un ex compa�ero de armas - Prince Jonson - para organizar una guerrilla que derrocara a Doe. La cosa no fue muy dif�cil: todos ten�an cuentas por cobrarle a Doe. La sangre en el ojo era popular y la cosa ardi�. El 14 de diciembre de 1989 la pareja golpista entra en el escenario liberiano al mando del Frente Patri�tico Nacional para la Liberaci�n de Liberia (NPFL). Con la guerrilla en las puertas de la capital la marcha victoriosa se trab�. Los compadres golpistas se pelearon. Taylor y Johnson se dividieron en dos bandos. Johnson parti� con su propio ej�rcito, codiciando el tesoro de la hacienda p�blica que no quer�a compartir con Taylor. Y �ste, a su vez, qued� al mando de su facci�n seguro de que no compartir�a el bot�n con nadie.
Avanzando sobre la capital, Taylor dio con Doe. Como el presidente no quiso revelar los n�meros de sus cuentas bancarias en Suiza, le cort� las orejas ante las c�maras de televisi�n. Con el poder, la suerte le favoreci�: d�as despu�s los restos de Johnson aparecieron tirados en una callejuela. Sin embargo, los soldados de ambas facciones no se han dado cuenta del rumbo de las cosas y se siguen matando a tiros entre ellos. En 1997 orden� celebrar elecciones que lo eligieron - como era de esperar - Presidente constitucional, y as� pudo dictar su ley sin reparos legales de nadie. Desde entonces la poblaci�n es tierra de nadie, v�ctima f�cil de sus bestialidades. De hecho, fueron los soldados de Taylor, precisamente, quienes dispararon contra los observadores norteamericanos que investigaban las condiciones para un despliegue de tropas de pacificaci�n. Intervenci�n que, hay que decirlo, ya est� siendo repudiada por los movimientos pacifistas, ONG's y grupos de presi�n ad-hoc.
La renuncia de Taylor deja un espacio abierto a la anarqu�a. Tras 14 a�os de guerra civil y m�s de 250.000 muertos, Taylor clama la ayuda de los antimundialistas de corte Bov�: "�frica debe ser aun asunto africano", vocifera, reclamando la no intervenci�n occidental en las matanzas y corrupciones, haciendo clara alusi�n a la condena de Washington a los cr�menes liberianos. Protesta que acogieron con entusiasmo las izquierdas "alternativas".
Nigeria ha ofrecido protecci�n al genocida, cubriendo con esto los remilgos de sus protectores para que el proceso no aparezca desfavorecedor ni a Taylor ni a sus padrinos. Alega que lo han forzado a marcharse, en un discurso a la poblaci�n. Un acto que le est� valiendo la simpat�as de muchos que m�s tarde o m�s temprano reclamar�n con nostalgia al genocida y protestar�n por los esfuerzos occidentales de dar por primera vez en la historia de la naci�n, un poco de orden y civilizaci�n.
Lamentablemente, desde este lado del mundo se ve lo que se nos quiere mostrar. No hay persecuciones religiosas ni tiran�as sanguinarias, ni mucho menos las medidas serias y responsables que permitir�an al continente africano salir de los niveles exasperantes de pobreza y subdesarrollo. Desde este lado de las noticias s�lo tienen tribuna las izquierdas y sus colegas anticristianos. Est�n los enemigos de todos los mandamientos, quienes no desean aplicar los principios de la propiedad privada, ni los beneficios de los avances tecnol�gicos, ni la licitud de la una intervenci�n humanitaria efectiva. Silenciada queda la Iglesia con sus cohortes de m�rtires silenciosos que llevan civilizaci�n y orden a tierras paganas. Fuera de las noticias quedan los cr�menes, encubiertos porque incomodar�an a quienes, de una u otra forma, no son m�s que c�mplices de la barbarie.
�Deberemos esperar a que otra calamidad vuelva a sacar a �frica de su oscuridad o es exigible menos complicidad y m�s compromiso a los l�deres del mundo libre?.
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� Nuestra Se�ora del divino amor | Roma, Italia
Hacia el siglo XIII, en el Castillo de Leva, se veneraba una imagen de la Sant�sima Virgen en un trono, con el Divino Infante en sus brazos y una paloma descendiente sobre Ella. Tal sagrada imagen era conocida como Nuestra Se�ora del Divino Amor. Recib�a culto en una torre de la misma fortaleza de la familia Savelli-Orsini. La tierno amor de los pastores y los favores militares concedidos a sus devotos la hicieron la principal devoci�n de la zona. En 1740 un peregrino obtuvo una singular gracia a Sus pies: atacado por una jaur�a de lobos feroces, le bast� elevar sus ojos a la Se�ora para ver que las bestias hu�an despavoridas. Conocido el prodigio, la imagen fue trasladada a la vecina iglesia de Santa Mar�a ad Magos, para despu�s de cinco a�os volver a su dep�sito original, convertido en iglesia. El Papa Clemente XIII, siendo Cardenal, consagr� el templo. Desde entonces y hasta hoy son tantas las gracias y milagros obtenidos de esta misericordiosa Reina de todo lo Creado que las peregrinaciones son multitudinarias. La tradici�n las prescribe desde la Pascua hasta los �ltimos d�as de octubre, cada s�bado en la noche, a pie. Son 15 kil�metros de recorrido hasta la imagen coronada por el Cap�tulo Vaticano, en 1883. En 1930 es nombrado su primer rector y p�rroco, Don Umberto Terenzi, quien en 1942 funda la Congregaci�n de Hijas de Nuestra Se�ora del Divino Amor, acompa�adas veinte a�os despu�s por sacerdotes oblatos, sus actuales custodios. Bajo la barbarie nacionalsocialista, Roma sufre graves amenazas. El cuadro de la Virgen es escondido en iglesias, terminando en la de San Ignacio. El 4 de junio de 1944, el pueblo romano acude a suplicar su protecci�n y promete renovar sus votos filiales y ofrecer una obra de cariad. la Sant�sima Virgen cumple y Roma es milagrosamente salvada de la destrucci�n. El Papa P�o XII , de santa memoria, acude el 11 de junio con el pueblo de Roma a dar las gracias. La nombra "Protectora de la Urbe", y le dedica estas palabras: "Nosotros miramos hacia ti, Madre del Divino Amor, esperando de ti, de tu materna intercesi�n nuestra salvaci�n... protege tu Roma". En 1979 S.S. Juan Pablo II tiene palabras no menos filiales para con Ella, definiendo el santo lugar como "El Santuario Mariano de Roma".
Desde el fin de la guerra hasta hoy han sucedido numerosos cambios y mejoras. En 1991 fue publicada el acta que proclama de Siervo de Dios al P. Terenzi. La modernizaci�n del templo ha suscitado viva pol�mica entre los peregrinos. Quienes defienden la modernidad y practicidad de las reformas enfrentan a quienes acuden en busca de piedad, recogimiento y mariana sacralidad.
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� LA PAZ CON NOSOTROS CONSISTE EN LA LUCHA CONSTANTE CONTRA NOSOTROS MISMOS | Ascesis
Considera que la causa de la perturbaci�n interior que nos roba la paz del coraz�n no se halla fuera de nosotros, en las cosas que nos rodean, sino dentro de nosotros, en el desorden de las pasiones de nuestro coraz�n. Si con la guerra constante acab�semos con los afectos torcidos de nuestra alma, las causas exteriores cesar�an de sernos ocasi�n de turbaci�n. Mira, en efecto, que hay tantas causas para perder la paz como afectos desordenados llevamos dentro de nosotros. Pues como la paz no se alcanza sino por la guerra, as� la pacificaci�n interior del alma s�lo se logra con la victoria sobre nosotros mismos.
S�lo, pues, haciendo una guerra continua a nuestras inclinaciones, enemigos dom�sticos que forman parte de nosotros mismos, es como podemos adquirir esa tranquilidad y esa igualdad de �nimo que nos haga superiores a todos los contratiempos de la vida. La paz es el fruto de la victoria, como la victoria el fruto del combate. Due�os de nosotros mismos, lo seremos en cierto modo de todo lo que existe. Cuando el hombre no doma sus deseos, se convierte en esclavo de ellos, y �stos en verdugos del hombre. Por el contrario, el hombre vencedor de sus pasiones se eleva sobre s� mismo, y a nadie busca sino a Dios. Pero �cu�ntas luchas hay que sostener para conquistarse a s� mismo y ponerse por entero bajo el imperio de la gracia! Deduce, pues, de todo lo que has meditado, que para saborear la dulce paz del coraz�n necesitas tener pureza de conciencia, sujeci�n completa a la voluntad de Dios, caridad cordial para con tus pr�jimos, combates serios contra ti mismo. Estas son las condiciones con que puedes obtener la paz, y por consiguiente, la dicha.
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