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SURGITE - Gacetilla Semanal de Revista Cristiandad.org   SURGITE - Gacetilla Semanal de Revista Cristiandad.org

+ Ejus in obitu nro praesentia muniamus

  Edici�n N�mero 4 - A�o I

Sante Michael Archangele, defende nos in proelio; contra nequitiam et insidias diaboli esto praesidium. Imperet illi Deus;supplices deprecamur: tuque, Princeps militiae coelestis, Satanam aliosque spiritus malignos, qui ad perditionem animarum pervagantur in mundo, divina virtute in infernum detrude. Amen.  GACETA  

  SEMANAL

Martes, 2 de Septiembre de 2003 | Todas las semanas, los d�as martes, Revista Cristiandad.org prepara para usted una cuidadosa selecci�n de material de formaci�n general,

pensado en forma de contenidos breves y de sana doctrina. Surgite! y Revista Cristiandad.org son publicaciones fieles al magisterio tradicional de la Iglesia.

 

 

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CONTENIDO DE ESTA EDICI�N

 

 

Nota de la editora

� El consuelo sobrenatural

 

Milagro de la semana

� El fin de las serpientes

 

Diccionario cat�lico

� Desecraci�n

 

Santo de la semana

� San Gregorio Magno

 

Cr�tica de Arte

� El Rey de las M�scaras

 

Advocaci�n Mariana

� Nuestra Se�ora del Yermo

 

Herej�a explicada

� Los frailes del libre esp�ritu

 

Santos desconocidos

� San Atanasio de Pannonhalma

 

Conocer para opinar

� Protectores paganos

 

Calendario devocional

� Oraci�n a la Natividad de la Virgen

 

Palabra de Santo

� La alegr�a fortalece el coraz�n

  

Origen de una Orden

� La Orden de la Sant�sima Trinidad

 

Breves de actualidad

� F�brica de violencia

  

Santuarios

� Nuestra Se�ora de Vailankanni

 

Meditaci�n sugerida

 

Gacetillas anteriores
� N�mero 1: Martes 12/08/2003

� N�mero 2: Martes 19/08/2003

� N�mero 3: Martes 26/08/2003

� N�mero 4: Martes 02/09/2003

� N�mero 5: Martes 09/09/2003


� Copyright 2003 por Revista Cristiandad.org. Todos los derechos reservados. Se autoriza la reproducci�n total o parcial de los contenidos de este bolet�n solicit�ndolo por e-mail y citando la fuente.

 

 

 

 
   

 

 

NO HAN FALTADO QUIENES PREGUNTARON en este tiempo el motivo por el cual nuestra publicaci�n hace tanto hincapi� en santos, milagros y advocaciones, o en resumidas cuentas, en la vida sobrenatural.

 

Esta consulta nos ha hecho reflexionar sobre el hecho de que en numerosas ocasiones, nos encontramos ante la tendencia de "consumir informaci�n" que no cambia en nuestras vidas m�s que lo que puede hacerlo el aporte de un rato de entretenimiento.

 

Las hagiograf�as, los milagros, las formas en que Dios y la Sant�sima Virgen deciden hacerse m�s cercanos a nosotros y nuestras necesidades, no son un mero bolet�n informativo. Se trata de un tesoro que la cristiandad ha pose�do siempre, y que hoy se utiliza poco y nada en provecho de las almas e incluso de las situaciones de nuestras vidas.

 

Conocer al Santo de nuestro nombre, al Patrono de nuestra profesi�n, a aquella Virgen que se relaciona m�s directamente con aquel aspecto por el que vamos a ponernos a sus pies en oraci�n, entre otras cosas, es una forma valiosa y dulce de vivir el catolicismo que profesamos. Si as� lo hacemos, nunca estaremos solos. Si pensamos en nuestro �ngel custodio, constantemente preocupado por nuestro bienestar, y que jam�s nos abandona, o si reflexionamos en el amor pur�simo de Nuestra Se�ora, que desde una advocaci�n de Socorro, o de Dulce Espera, o de F�tima, o de Sapiencia, entre tantas otras formas de relacionarse m�s �ntimamente a nuestras vidas y al momento en que vivimos, aguarda anhelante a que nos acerquemos �c�mo podemos sentirnos solos?

 

Este pensamiento es a la vez que sencillo, muy poco practicado. La vida en comuni�n con los Santos, imitando sus virtudes y pidiendo su intercesi�n, nos acerca m�s a Dios que ninguna otra religi�n, dado que entre la inmensidad de Dios y nuestra peque�ez, se encuentran estos amigos suyos y nuestros, que alg�n d�a sufrieron tanto o m�s que nosotros, y que conocen tanto las flaquezas como las capacidades humanas "en carne propia".

 

Anim�monos a vivir imbuidos de esa catolicidad que hoy ha ido perdiendo su brillo, fruto de tantos malos entendidos. La existencia de lo sobrenatural es cierta, y sobretodo, profundamente consoladora...

 

Cynthia Caden
Editora General | Revista Cristiandad.org
e-mail:

 

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� EL FIN DE LAS SERPIENTES | San Eutychus
   
   

SAN GREGORIO MAGNO CUENTA EN SUS "DIALOGOS" sobre la vecindad de Castoria, que estaba enormemente infestada con serpientes, y c�mo San Eutychus (+540) rog� a Dios que las destruyera. Su pedido se cumpli� de la forma m�s extraordinaria, cuando aparecieron rayos de luz que las mataron a todas.

Como los cuerpos de las serpientes parec�an estar por doquier, sus compa�eros se preguntaron, "pero, �qui�n las quitar� de nuestra vista?". Entonces, las serpientes fueron pronto devoradas cuando una nube de aves cayeron sobre ellas.

 

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� DESECRACI�N | Definici�n
   
   

DESECRACI�N ES LA P�RDIDA DE ESA CUALIDAD peculiar de sacralidad, que se encuentra inherente en lugares y cosas en virtud de la bendici�n constitutiva de la Iglesia. Cuando los objetos materiales son destinados para prop�sitos de adoraci�n divina se destinan en vista de su fin por la solemne formulaci�n de consagraci�n o por la m�s simple f�rmula de una bendici�n, para que asuman un car�cter sagrado e inviolable que impide su empleo para usos profanos.

Ahora, cuando �stos pierden su estampa o car�cter de sacralidad, se dice que han sido profanados, o desecrados. Como principio general debe aclararse que lugares y cosas, que han sido consagrados o bendecidos, retienen su consagraci�n y bendici�n tanto cuanto permanecen, moralmente hablando, iguales que como estaban al comienzo, y consecuentemente, tanto cuanto contin�en sirviendo a los prop�sitos para los que fueron originalmente destinados.

Algunos sosten�an antes la opini�n de que ciertos utensilios sagrados, como c�lices que han sido ungidos con aceite sagrado deber�an, antes de ser enviados a reparaciones, ser privados de su car�cter sagrado mediante una ceremonia especial de desecraci�n. Esta visi�n fue condenada por la Congregaci�n de Ritos (n. 2620, ed. 1900).

Tal ceremonia es enteramente superflua, ya que si un utensilio sagrado se rompe y ya no cumple el uso para el que fue destinado, pierde por tanto su consagraci�n. Y en cambio, si todav�a sirve para su uso pero requiere reparaci�n, ninguna ceremonia podr�a desecrarlo. En este caso debe obtenerse permiso, expreso o impl�cito, del ordinario para entregarlo a un artesano para su reparaci�n (Cf. Gardellini, Comentario sobre Decretos de C. S. R., 225).

Si los vasos consagrados se vuelven in�tiles en su uso para el altar, pueden ser fundidos y dejados para uso profano. Pero las vestiduras, paramentos y dem�s telas, deben ser destruidos, porque retienen la forma bajo la cual fueron originalmente benditos (Cf. Gardellini, loc. cit).

La palabra desecraci�n es com�nmente usada respecto a iglesias, altares, c�lices, etc.

1. Una iglesia pierde su consagraci�n o bendici�n cuando el edificio es destruido o completamente o en gran parte, o cuando se le agrega una construcci�n mayor que la construcci�n original. No es desecrado si:

a) una porci�n de las paredes y techo se caen, mientras la mayor parte se mantiene en pie, o
b) el yeso interior se despega, o
c) las cruces desaparecen, o
d) todas las paredes son gradualmente renovadas, y en cada ocasi�n la antigua parte es m�s grande que la nueva, o
d) es convertido por un tiempo a usos profanos, en tanto no sea mancillada.

2. Un altar (fijo) pierde su consagraci�n:

a) por una fractura notable de la mesa o su apoyo, como, por ejemplo, si la mesa fuera rota en dos grandes piezas, o si perdiera una esquina ungida, o si su base fuera seriamente da�ada, o si una de las columnas fuera cambiada de lugar.
b) por el levantamiento de la mesa de su base, como para desencajarlas.
c) por cambiar de lugar las reliquias, o cubierta del sepulcro (cf. Sculte, Consecranda, p. 222).
3. Una piedra de altar pierde su consagraci�n:
a) por remoci�n de las reliquias.
b) por fractura o remoci�n de la cubierta del sepulcro.
c) por una fractura notable de la piedra;
d) por la rotura de una esquina ungida de la piedra.

 

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� San GREGORIO MAGNO | 3 de septiembre
   
   

VIVI� ENTRE LOS A�OS 540 Y 604 EN ROMA, Italia. Estudi� Derecho y en 573 fue nombrado Prefecto. Como hered� la fortuna de su padre, construy� varios monasterios en Roma y se retir� al Monte Celio. Fue ordenado di�cono y en 578 el Papa Benedicto I lo orden� presb�tero.


Fue Nuncio en Constantinopla entre 579 y 586. Tres a�os despu�s fue elegido Papa, misi�n en que se distingui� por su oratoria, pol�tica tolerante, administraci�n atinada, inter�s misionero en Inglaterra y Espa�a y tacto en la reforma del clero y la liturgia. Su acci�n pastoral se refleja en varias de sus obras: Regla pastoral, Di�logos, Sacramentario y Antifonario. Se distingui�, tambi�n, por su obra b�blica (varios comentarios), asc�tica (su Moralina) y epistolar (859 cartas).
 

Tras su muerte, fue venerado como santo y la tradici�n lo asumi� como Patrono de los liturgistas, sabios e investigadores, por su amplia erudici�n; de los m�sicos y cantores, por la escuela de canto que fund� (cantos gregorianos); Es defensor contra la enfermedad de la gota y la peste; y abogado de las almas del purgatorio por las "misas gregorianas".
 

Su festividad se celebra el 3 de septiembre.

 

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� EL REY DE LAS M�SCARAS | "Bian lian", China, 1996 - 101 min.
   
   

TRES A�OS DE CENSURA Y BUROCRACIA CHINA demoraron la llegada a las pantallas occidentales de una pel�cula preciosa. Calificada casi un�nimemente como apta para p�blico infantil, la aclamada producci�n de Wu Tianming esconde mucha m�s riqueza y complejidad.

"Bian Lian" transcurre en la China del mil novecientos, centrada en la tragedia del �ltimo representante de un arte milenario (Zhigang Zhang) que no tiene herederos y teme morir llev�ndose sus secretos a la tumba. Recurre a una medida salvadora, aceptada entre sus compatriotas: comprar� un ni�o (Renying Zhou) para ense�arle sus secretos y con su hijo adoptivo sobrevivir� el arte de las m�scaras. Pero la esperanza se desploma cuando descubre que el ni�o no es tal, sino una ni�a. Decide expulsarla, deshacerse de ella. La exigencia de su escuela requiere que la ense�anza s�lo sea transmitida de var�n a var�n.

Con este acto se abren dos narraciones paralelas y superpuestas. La primaria sigue siendo el problema de la muerte del arte con su propia muerte. S�lo �l conoce las secretas t�cnicas que le permiten cambiar de rostros (m�scaras) con un simple y elegante golpe.

La trama se complica y termina en la c�cel, donde interceder�n por el "rey de las m�scaras" la peque�a ni�a y un afamado actor de �pera (Zu Zhu), especializado en papeles femeninos. Estos roles femeninos fueron, precisamente, la causa por la que el maestro decidi� no ense�arle el arte a�os atr�s.

El trasfondo corre como un segundo relato. Se trata de la visi�n melanc�lica y temerosa del maestro ante los enormes cambios que reemplazan el antiguo orden. Un estado de cosas nuevo viene a suprimir las formas cl�sicas, sin corregir los errores de fondo, sino que incluso los agrava.

El ojo del espectador reconoce la influencia de los cinco a�os que Wu Tiamming pas� en Norteam�rica. El manejo de los tiempos y de los recursos ret�ricos son m�s naturales al occidental que los propios del arte oriental.

Junto a la poes�a caracter�stica de este tipo de cine, se vislumbra real�sticamente la forma de existencia a que quedan destinadas las ni�as sin padres en China, y la forma de pensamiento y trato dispensado a los distintos personajes, seg�n su condici�n.

Coincidiendo con el criterio de los cr�ticos de la agradable alternativa que esta pel�cula abre al p�blico infantil, no queremos dejar de proponerla para el p�blico mayor que disfrutar� mucho m�s esta conmovedora obra de arte.

 

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� nuestra se�ora deL YERMO | La celestial orden de consagrar
   
   

Un santo ermita�o construy� en un pueblecito de Inglaterra una capilla y no la hizo bendecir, por ausencia del Se�or Obispo. Entonces se le apareci� la Sant�sima Virgen y le pregunt� por qu� no hab�a hecho consagrar la capilla. Y le dijo que como el Obispo no estaba, pod�a hacerlo Lorenzo, Obispo de Dubl�n, que se encontraba all�, esperando vientos favorables para regresar a su Sede, a quien le hab�a hecho presente que, mientras no consagrara la capilla, no tendr�a viento para seguir viaje.

El Obispo, que era San Lorenzo, obedeci� el mandato de Nuestra Se�ora, consagrando la capilla como Ella le dijera. Inmediatamente despu�s se levant� viento y el prelado pudo seguir su viaje.

Esta es la Capilla de Nuestra Se�ora del Yermo, desde la cual se han obrado innumerables milagros.

 

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� LOS FRAILES DEL LIBRE ESP�RITU | Siglo XIII

   
   

SECTA HER�TICA QUE ACOG�A, aunque exacerb�ndolas y exager�ndolas, a las teor�as de Amaury de Bene (+1207), maestro de teolog�a en Par�s, que ense�� un pante�smo sustancial: Dios est� en todo y en todos y cada uno de nosotros. Por ser encarnaci�n del Esp�ritu Santo, no se puede pecar; por lo mismo no hay necesidad de recibir ning�n sacramento.

Condenado por Inocencio III, Amaury se retract�, pero su herej�a, hecha propia y desarrollada por Ortlieb, profesor de Estrasburgo, con el nombre de Frailes del libre esp�ritu, lleg� a la absoluta negaci�n de toda autoridad, de la ley moral y de los sacramentos, en virtud del principio de que el Esp�ritu Santo est� en nosotros y eso basta. Entre las diversas aberraciones morales se encontraban la del amor libre, el nudismo y la magia. Los frailes del libre esp�ritu duraron hasta el siglo XIV.

 

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� San Anastasio (o Astrico) de Pannonhalma | Arzobispo
   
   

Naci� en Bohemia como Radla. Se hizo monje en Roma, tomando el nombre Astrico. Fue amigo de San Adalberto de Praga, y asisti� a Adalberto en su trabajo misional en Bohemia. Fue el primer abad de Brevnov. Debido a las persecuciones en la regi�n, tuvo que huir a Hungr�a. Trabaj� como misionero de los Magiares.


Fue maestro espiritual de la esposa del Duque Geza, y la madre de San Esteban de Hungr�a, en el 997. Fue tambi�n el primer abad del monasterio de San Mart�n en Pannonhalma, el primer monasterio en Hungr�a, una casa fundada por el Duque Geza. Cuando San Esteban sucedi� a su padre Geza como duque, Anastasio renov� su trabajo evangelizador con los Magiares.


Fue el primer arzobispo de la Iglesia H�ngara con su sede probablemente en Kalocsa. Fue enviado como embajador a Roma, y negoci� en reconocimiento del Papa Silvestre II del nuevo reino de Hungr�a. Transport� la corona que el Papa le dio para que Esteban fuese coronado como Rey de los H�ngaros por el Emperador Otto III en el a�o 1001. Fue consejero de Esteban en materias espirituales y de estado hasta la muerte del Rey. �l lo sobrevivi� por dos a�os, y los pas� en oraci�n.


Falleci� hacia el 1035 de causas naturales. Su festividad se celebra el 12 de noviembre. Es Patrono de Hungr�a.

 

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� PROTECTORES PAGANOS | De los Archivos de Revista Cristiandad.org
   
   

DESDE LA PRENSA Y LA EDUCACI�N P�BLICA se suelen decir grandes verdades y errores garrafales. Algunos por ignoracia, muchos m�s por pura maldad ideol�gica. No es raro el clima anticat�lico que se crea como una suerte de mordaza que nos obliga a reconocer errores inexistentes y cr�menes tan falsos como un eslab�n perdido. Luego est�n los id�latras de las modas, que hoy adoran lo que antes quemaron y luego queman lo que hoy adoraron hasta que vuelva a ponerse de moda lo que tienen en las cenizas que pisotean. pero estos "originales" ques e creen muy �nicos no son m�s que hijos de su tiempo. Estorban y empantanan, pero no son promotores del mal sino infanter�a - literalmente - ligera.


Una ola de delirantes adoradores de lo "�tnico" mal entendido se levantan en defensa de las "culturas antiguas" pretendiendo que todo lo pasado fue mejor. Ah� desfilan los cultores de las pr�cticas celtas, precolombinas o asi�ticas "no mancilladas" por la obra civilizadoras de la Iglesia y los imperios colonizadores. Para ello pintan una idea tan rom�ntica como falsa de tales barbaries. Tan falsas como las acusaciones contra la Iglesia y la civilizaci�n cristiana. Lloran con un ojo lo que quieren lamentar y el otro lo cierran para no ver lo indefendible.


Dos ejemplos de nuestros archivos para ilustrar al lector: En tiempos de neur�tica b�squeda de "protecci�n ritual" a negocios, casas y propiedades diversas vale recordar una costumbre com�n a los pueblos de la Am�rica precolombina, a los africanos, a los druidas europeos y a culturas asi�ticas. Los "buenos salvajes" enterraban personas vivas - y en muchos casos inocentes beb�s - en los cimientos de sus edificios y ciudades para que esas almas aprisionadas "cuidasen" a los moradores. Los llantos y gemidos desesperados de los infelices que mor�an enterrados vivos, en un profundo agujero y aplastados por los pilotes de madera eran muy gratos a los dioses paganos. Bien se ve aquello de las Sagradas Escrituras: "omnes dii gentium daemonia" (Psalm. XCV, 5), "todos los dioses paganos son demonios".


Ocurre como cuando se rasgan vestiduras por la conquista y evangelizaci�n americana. Se olvidan de los millares v�ctimas que por a�o eran sacrificadas a los dioses. Si se considera el tiempo de vigencia de sus culturas, la cifra de muertes suma millones. Podemos darnos una idea viendo el caso azteca. Por a�o presentaban a sus �dolos sanguinarios entre 150.000 y 250.000 v�ctimas de su salvajismo. Ante los dioses complacidos por la crueldad, se descuartizaba vivas a las personas y se com�an sus entra�as palpitantes con deleite.


Cifras y crueldades que dejar�an como infantil el m�s oscuro y cruento de los "cuentos de brujas" sobre la Iglesia con que asustan a los incautos. Ni la peor Inquisici�n, ni la peor infamia contra Hern�n Cort�s igualar�an en v�ctimas, tiempo o maldad de los "buenos salvajes" tan queridos por Rosseau, indigenistas y progresistas modernos.

 

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� ORACI�N A LA NATIVIDAD DE LA SANT�SMA VIRGEN  | 8 de septiembre
   
   

�Que grande gozo e incomparable alegr�a debe tener todo el mundo el d�a de vuestro sagrado nacimiento, �oh ni�a bendit�sima! pues con la luz que vos, como alba divina, le trajisteis, se ba�� de nueva claridad y comenz� a respirar! A toda la Sant�sima Trinidad alegrasteis con vuestro nacimiento; al Padre por haber nacido su dulce esposa, al Hijo porque hab�as de ser su Madre, y al Esp�ritu Santo porque erais su templo, y por su virtud hab�ais de concebir en vuestro vientre virginal al Verbo Eterno. Los santos patriarcas vieron en este d�a cumplidos sus deseos; los profetas acabadas aquellas sombras y figuras debajo de las cuales tantas veces os dibujaron y pintaron, los �ngeles su Reina y Se�ora, y los hombres de honra, ornamento y gloria de todo el linaje humano; y finalmente, todos los jud�os y gentiles, justos y pecadores tienen hoy causa de particular regocijo, por haber salido a luz la que hab�a de darnos al que es luz y vida del mundo.

Vos, ni�a gloriosa, nacisteis hoy la m�s linda, la m�s bella y hermosa y m�s adornada de gracias que ninguna pura criatura. Porque as� como vuestro precioso Hijo os fue muy parecido en el ser natural como hijo a su madre, as� vos fuisteis muy semejante a vuestro Hijo en el ser de gracia, en la cual �l era vuestro Padre; y as� convino que en el alma y en el cuerpo no hubiese cosa criada que con vos se pueda comparar. Vos sois la segunda Eva y madre de los vivientes que vivir�n para siempre, vos m�s dichosa que Sara, m�s prudente que Rebeca, m�s hermosa que Raquel, m�s fecunda que Lia, m�s excelente que Mar�a hermana de Mois�s y Aaron, m�s sabia que D�bora, m�s fuerte que Jud�th, m�s graciosa que Ester, m�s humilde que Abigail, m�s casta que Susana. Porque sois aquella mujer vestida de sol y coronada de estrellas, que tiene la luna debajo de sus pies, y aquel santuario que Dios hizo para habitar en �l, y aquel arca fabricada de madera de Setin, y forrada por dentro de oro pur�simo, que son todas las virtudes con que Dios os adorn�.

Dios os salve, Mar�a suav�sima, hija sois de Eva, mas para reparar las miserias de Eva; hija sois de hombre, mas madre de Dios; virgen sois, mas no sin fruto; fecunda sois, mas sin detrimento de vuestra pureza virginal. Dios os salve, Virgen sacrat�sima, t�lamo del Esposo celestial, templo de la sapiencia increada, sagrario del Esp�ritu Santo, huerto de delicias, para�so de deleites, vena de aguas vivas, y depositaria de todas las gracias y dones de Dios, y singular entre todas las criaturas; pues no hay cosa que os iguale, y todo lo que tiene ser est� sobre vos o debajo de vos, porque Dios solamente es sobre vos, y todo lo que no es Dios est� debajo de vos. Desde este punto y desde esta hora en que salisteis al mundo para bien del mundo yo os reconozco y tomo por Se�ora m�a, y os doy el parabi�n y vasallaje como a Reina soberana del cielo y de la tierra, y madre de mi Se�or Jesucristo. Vos, Virgen pur�sima y ni�a sacrat�sima, tomadme por esclavo perpetuo y de vuestro Hijo bendit�simo, para que yo con verdadero y santo gozo me goce hoy de vuestro glorioso nacimiento. Am�n.

 

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� LA ALEGR�A FORTALECE EL CORAZ�N | San Felipe de Neri
   
    "La alegr�a fortalece el coraz�n y nos hace perseverar en la buena vida. Por consiguiente, el siervo de Dios siempre debe estar en buen esp�ritu".

San Felipe de Neri naci� en el a�o 1515 en Florencia, y entr� al sacerdocio en el a�o 1551. El Papa Gregorio XIV intent� hacerlo Cardenal, pero �l no deseaba hacerlo. Fund� la Cofraternidad de la Sant�sima Trinidad y m�s tarde la Congregaci�n del Oratorio. Fue un m�stico reconocido por su amor de Dios. Falleci� el 27 de mayo de 1595. Se le conoce tambi�n como Ap�stol de Roma, y Santo Amable.

 

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� LA ORDEN DE LA sant�sima trinidad (trinitarios) | Fundada por San Juan de Mata, a�o 1198
   
   

La Orden de la Sant�sima Trinidad y de la Redenci�n de Cautivos (Trinitarios) fue fundada por el franc�s San Juan de Mata (1154-1213) con Regla propia. Fue aprobada por Inocencio III el 17 de diciembre del a�o 1198 con la bula Operante divine dispositionis. Se trataba de la primera instituci�n oficial en la Iglesia dedicada al servicio de la redenci�n con las manos desarmadas, sin m�s armadura que la misericordia, y con la �nica intenci�n de devolver la esperanza a los hermanos en la fe que sufr�an bajo el yugo de la cautividad. Recog�an grandes sumas de dinero para rescatar a los esclavos, sobre todo del yugo musulm�n, y cuando no ten�an la cantidad necesaria, tomaban el lugar de los esclavos para as� liberarlos.

As�, un suceso hist�rico poco conocido fue el rescate de Miguel de Cervantes Saavedra, que llevaba cinco a�os de cautiverio en Argel. Los Padres Trinitarios pagaron quinientos ducados por su liberaci�n.

La Regla escrita por San Juan de Mata es el principio y fundamento de la Orden Trinitaria. Hacia el siglo XVI se encontraban ya a lo largo de casi toda Europa.

Adaptada a trav�s de ochocientos a�os por la tradici�n, y principalmente por el esp�ritu y la obra del Reformador San Juan Bautista de la Concepci�n (1561-1613), se desarrolla en las Constituciones trinitarias aprobadas por la Santa Sede. Esta fuerte reforma llev� en Espa�a a la fundaci�n de los Trinitarios descalzos.

La tradici�n trinitaria considera a San F�lix de Valois cofundador de la Orden y compa�ero de San Juan de Mata en el desierto de Cerfroid, en las cercan�as de Par�s. En Cerfroid se estableci� la primera comunidad trinitaria y se la considera casa madre de toda la Orden.

 

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� F�BRICA DE VIOLENCIA | Guerra cultural
   
   

LA RELATIVA CERCAN�A DE FIN DE A�O invita a muchos a dar pron�sticos prematuros del cierre del ciclo y aventuran augurios para el pr�ximo a�o. Temas recurrentes aparte, el factor com�n de los pr�ximos meses - y a�os - ser� el mismo que marca el per�odo post-guerra: la violencia. La violencia generalizada que parece incendiar la tierra, infestando todos los ambientes. De hecho, es f�cil pronosticar acontecimientos futuros siguiendo este patr�n. Habr� violencia, actos violentos... a�n entre los autodenominados "pacifistas".


El problema no estar�a tanto en predecir m�s violencia - que algo de trampa tendr�a por lo evidente - sino m�s bien en las explicaciones que se dan a la violencia. Como si todos hubiesen asistido a la misma escuela, la �nica causa que aciertan a levantar es la lucha de clases. Soci�logos, periodistas, psic�logos, pol�ticos, intelectuales y hasta sectores religiosos de mala doctrina se�alan la misma supuesta causa: la violencia es fruto de la desigualdad, es la consecuencia de la lucha de clases.


Con esto quienes m�s proclaman defender la dignidad de los pobres los injurian, pretendiendo que s�lo por ser pobres son violentos delincuentes. Pero si miramos hacia atr�s, durante siglos los pobres ni se organizaban en masas de elite para actos vand�licos, ni se tomaban tierras, ni saqueaban.


En realidad, estas interpretaciones no son m�s que prejuicios ideol�gicos, provenientes de la �nica doctrina pol�tica condenada por la Iglesia como "intr�nsecamente perversa". S�lo el socialismo podr�a merecer palabras tan crudas.


La desigualdad no es la causa de la violencia. La incitaci�n incendiaria de violencia como respuesta las desigualdades es la causa de la violencia. Sugestionar y conducir escaladas de violencia es la causa de la violencia que florece y se denuncia. �Qu� decir ante una sociedad de castas - una desigualdad llevada hasta el paroxismo - que no genera violencia en su interior? La tranquila convivencia ha permitido - pese a todo lo repudiable del sistema - un desarrollo arm�nico hasta la constituci�n de poderosos imperios y culturas florecientes. Tampoco es la desigualdad la causa de la violencia en los estadios, en las marchas pacifistas y antib�licas, ni es la desigualdad la causa de la violencia al interior de una "favela" tercermundista. No es la desigualdad la causa de la violencia dentro del mundo de las drogas. Calamidades como la droga o el suicidio no son privativas de una clase social, no surgen a causa de la desigualdad.


Si la Iglesia conden� al socialismo llam�ndole "sat�nico azote", "v�mito pestilente del drag�n infernal", es porque si por sus frutos se puede conocer al �rbol, el de la bandera roja no ha dado m�s que frutos de violencia, hambre, esclavitud y verg�enza. La violencia es predicada desde los p�lpitos y desde las c�tedras del profesorado. Es promovida desde la prensa y justificada desde los divanes psicoanalistas. La causa de la violencia es la invitaci�n al desprecio y al odio entre las personas a causa de su clase o condici�n social. No en vano, gran parte de los m�s de cien millones de v�ctimas del socialismo han sufrido la muerte a causa de su origen social. Hoy en d�a, se invita a una hostilidad impl�cita contra las clases m�s acomodadas. M�s muertes y horrores ha causado ese odio incitado hacia las causas econ�micas que los dramas relacionados a las discriminaciones raciales.


Al analizar es preciso observar con seriedad, penetrar en los hechos hasta llegar a sus ra�ces. Es necesario distinguir para pensar.


La pr�xima vez que el lector escuche esgrimir estos argumentos, det�ngase un minuto a pensar: esta violencia �no est� n�tidamente organizada, coordinada y conducida por l�deres populares muy bien preparados, que enardecen a las masas y luego se retiran para que las primeras v�ctimas sean del "pueblo" y as� se cubra con un manto de legitimidad sus instigaciones ideol�gicas? Cuando se reclaman derechos, �se act�a equilibradamente proclamando los deberes anexos? Contemplando los medios de comunicaci�n, �no es escandaloso observar c�mo los criminales se han convertidos en h�roes, c�mo los bandidos son protegidos, alabados y hasta presentados como h�roes? �Es extra�o para el lector ver como rufianes son envueltos en un aura psicol�gica que causa simpat�a y se detesta la intervenci�n de la Ley y del Orden? Hoy en d�a, estas armas del socialismo son presentadas como v�ctimas de la sociedad, como reprimidas por las clases poderosas.


Mientras, a la misma hora, el pueblo honrado, masivamente se dirige o regresa a sus trabajos o bien mira - impactado - las noticias de los desmanes. Decir que porque son pobres son violentistas, saqueadores o terroristas es infamarles. Es manchar su dignidad. Repudiar la restauraci�n del orden o condenar el imperio de la ley por colocarse de parte de los "oprimidos" es actuar con prejuicios ideol�gicos, es ser parte de la importante masa de "tontos �tiles" necesarios para Lenin y sus secuaces.


Es falsa la divisi�n entre "ricos" y "pobres". Hay patrimonios de distinto tama�o y permanencia. Unos m�s grandes, otros m�s peque�os. Las personas honestas quieren trabajar y surgir. Quieren que se les den oportunidades de trabajo y medios para mejorar su nivel de vida accediendo a todas las ventajas del progreso. Un progreso que, dig�moslo para concluir, no consiste s�lo en adelantos materiales sino, por sobretodo, en bienes espirituales que enriquecen y complementan al hombre, mejorando y garantizando en todos los aspectos la vida social.


El camino de salida no pasa por la lucha de clases, por promover el odio y el desprecio entre las personas a causa de su fortuna. Las sociedades surgen por la promoci�n del trabajo y el respeto a la propiedad privada y a la libre iniciativa. Por leyes justas y combate de la corrupci�n. Se crece de la mano de la disciplina y el respeto a la ley, por la fidelidad al principio del bien com�n, cuya garant�a es el imperio pleno de los Mandamientos, base segura de todo bien posible.

 

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� NUESTRA SE�ORA DE LA SALUD DE VAILANKANNI | Golfo de Bengala, India
   
   

CONOCIDO COMO EL "LOURDES DEL ASIA", el peque�o pueblito de Vailankanni - Golfo de Bengala, al centro de la India - es la meta de millares de peregrinos provenientes de todos los puntos del planeta. La misericordia de la Sant�sima Virgen es de tal alcance, que el torrente de gracias derramadas a Sus pies congrega incluso a fieles protestantes, hind�es, musulmanes y hasta budistas.

Al modo de F�tima o Lourdes, Nuestra Se�ora apareci� a sencillos pastorcitos en una regi�n que no se caracteriza por bellezas naturales o riquezas materiales. Corr�a el siglo XVI y los salv�ficos vientos del Evangelio hinchaban las velas civilizadoras de Espa�a y Portugal. Hasta aqu� se adelant� la Virgen a sus hijos portugueses en la evangelizaci�n de una tierra hasta hoy particularmente infestada por la acci�n preternatural.

Por aquellos d�as, un peque�o pastorcito caminaba bajo el sol, llevando leche a su patr�n. El pobre muchacho est� agotado y se detiene a descansar amparado por la sombra de un gran �rbol. El sopor le vence y cae dormido, pero es despertado por una luz intensa, muy brillante. Una voz femenina pide un poco de leche para su peque�o hijo. Es una se�ora bell�sima y radiante. El pastorcito piensa un poco en la ira de su amo si regala la leche, pero la ternura que siente por la Se�ora lo mueve y a�n sabiendo el castigo que recibir�, sirve la mitad de la leche. Al llegar, listo para el castigo, sucede algo extraordinario: frente a sus ojos y a los de su amo la leche comienza a aumentar hasta completar el envase y rebasar los bordes, derram�ndose profusamente por el piso.

Otro peque�o del lugar era paral�tico. Se ganaba la vida vendiendo una bebida hecha con yogurth. Una dulc�sima Se�ora se le acerca y pide un poco de la bebida para apagar la sed de su peque�o hijo. El ni�o le sirve y escucha un segundo pedido: que recorra esos parajes pidiendo que se construya all� una capilla en su honor. El peque�o mira sus piernas atrofiadas y se pregunta con tristeza c�mo podr� cumplir con el deseo de la Se�ora. Como una respuesta a su angustia, siente una fuerza extra�a en sus miembros y sus piernas cobran vida y vigor. Lleno de alegr�a, corre por la ciudad contando lo sucedido a los pobladores que desde peque�o le vieron deforme.

La noticia corre por boca de todos. Se construye la capilla y millares de peregrinos acuden a venerar a la Madre del Creador. La llaman cari�osamente Madre de la Salud. Y las gracias son concedidas con una prodigalidad que iguala al Lourdes europeo. La gratitud de los fieles van ampliando la peque�a capilla hasta levantar la actual construcci�n, mucho m�s digna de la Madre del Salvador.

Una nota de sabor local es la costumbre local de agradecimiento. Cada uno, seg�n su fortuna y posici�n, ofrece como sacrificio la donaci�n de lo que le es m�s precioso. Se pueden ver donaciones de objetos sagrados, dinero y hasta productos hechos en sus trabajos. Pero lo que sin duda llamar� la atenci�n de los peregrinos extranjeros es la costumbre de ofrecer sus cabellos. Desde que piden la gracia hasta que les es concedida, no cortan ni un cent�metro de sus cabelleras. Ni bien reciben la gracia, acuden a los pies de la Se�ora para afeitarse la cabeza y ofrecer todos sus cabellos a la Virgen como gesto supremo de amor, en un pueblo que valora en tanto su cabellera, prodig�ndole constantes cuidados.

En 1962 S.S. Juan XXIII la agreg� a la Bas�lica Santa Mar�a Mayor de Roma, convierti�ndola en Bas�lica. Es a los pies de la Gloriosa donde los cat�licos comparten la presencia mariana con la visita reverente de paganos, id�latras, herejes y cism�ticos, seducidos por la gracia irresistible de la Madre de la Verdad.

 

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� Jesucristo, modelo de perfecci�n en todas sus obras | Estudio para nuestra salvaci�n
   
   

Consideremos que al crear al hombre dijo un d�a Dios nuestro Se�or: Hagamos al hombre a nuestra imagen. �Y d�nde est� el hombre por excelencia, tipo y dechado de los hombres? En Jesucristo, que es el primero y �ltimo de los nacidos de Ad�n, seg�n dijo el mismo Se�or en el Apocalipsis. "El primog�nito de toda criatura, y aquel por quien todas fueron criadas". De Jesucristo, pues, debemos entender a la letra las citadas palabras: Hagamos al hombre a nuestra imagen. Y, en efecto, en �l hallamos la imagen de Dios en toda su perfecci�n, porque el Verbo es la imagen de la bondad del Padre, y esta imagen substancial y divina se refleja en su humanidad. Todas las perfecciones de la divinidad se reproducen por una misteriosa comunicaci�n en Jes�s, que por eso es la perfecta imagen de Dios.


En Jes�s, pues, todo es santo: santos son sus pensamientos, santas sus obras. Tal deb�a ser el Pont�fice eterno. "Santo, inocente, inmaculado, muy distinguido de los pecadores y m�s alto que todos los cielos", como dice San Pablo a los hebreos. Siendo, como es, el tabern�culo de la divinidad, �cu�nta ser� la santidad de Jes�s?


Acerqu�monos ahora a la morada oculta en donde est� el Dios escondido y contemplemos los resplandores de toda virtud en el divino Infante, leamos en este libro de oro, miremos este espejo sin mancilla y entrando dentro de nosotros mismos avergonc�monos de la corrupci�n de nuestro coraz�n carnal.


Reparemos una por una todas las virtudes, las interiores como las exteriores, las que se relacionan con Dios como las que santifican el trato con los hombres, y en todo, en lo grande y en lo peque�o, a trav�s de aquel exterior humilde de un Dios que se esconde tras la nube de su humanidad, veremos la perfecci�n infinita en todas las obras y el modelo acabado de todos los santos. Lo mismo cuando trabaja que cuando ora, cuando habla que cuando calla, todo lo hace con una santidad infinita, interior y exterior; jam�s la sombra de un defecto, o de un imperfecci�n, se desliz� en uno s�lo de sus actos, considerados en su substancia y en su modo; en cada momento, cualquiera que fuese su ocupaci�n, era digno en la tierra, como en el cielo, del c�ntico de los �ngeles: Sanctus, Sanctus, Sanctus.


Todo lo hizo, adem�s, con una sabidur�a infinita, con un orden admirable, conform�ndose siempre con los designios de su Eterno Padre y con las obligaciones de su edad y estado. Siempre se acomod� a las circunstancias, haciendo cada cosa d�nde, cu�ndo y c�mo era necesario hacerla.


Adem�s, todo lo hizo con una bondad infinita, refiri�ndolo todo a la gloria de Dios y a nuestra salvaci�n. Sab�a que multiplicando los actos de adoraci�n, de obediencia, de anonadamiento de s� mismo, y las dem�s virtudes, hasta en los al parecer m�nimos pormenores de su conducta, desagraviaba m�s ampliamente a la divina Justicia, ultrajada por el pecado, aumentaba el tesoro de m�ritos y de gracias que preparaba a los hombres, y les hac�a m�s f�cil la salvaci�n.


Consideremos, por �ltimo, en qu� nos parecemos a nuestro divino modelo, y la conciencia probablemente nos dir� que en muy poco, o en nada. �l lo hizo todo bien, nosotros lo hacemos casi todo mal. �l no buscaba sino la gloria de Dios, y nosotros no buscamos sino la nuestra propia. Anim�monos a estudiar en el divino ejemplar de toda perfecci�n, y a copiar en nuestra alma los rasgos de las virtudes que m�s necesitemos.

 

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