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Cap�tulo XIV
No� entra en el Arca con los suyos
Hab�a llegado el tiempo del diluvio. No� ya se lo hab�a anunciado a los suyos. Tom� a sus hijos Sem, Cam y Jafet, con sus mujeres y sus hijos y descendientes: hab�a all� nietos de cincuenta y sesenta a�os, y de �stos, hijos peque�os y grandes, que entraron en el arca. Todos los que hab�an trabajado en construir el arca, y quedado libres de idolatr�a, entraron en el arca. Hab�a como cien personas adentro, lo cual era necesario para dar a tantos animales el pienso que necesitaban y hacer la limpieza de los compartimientos. No puedo decir otra cosa sino que siempre he visto que entraron en el arca los hijos de Sem, Cam y Jafet. Veo all� dentro muchas criaturas, ni�os y ni�as; todos los descendientes de No� que permanecieron buenos. En la Sagrada Escritura no se habla tampoco de los hijos de Ad�n, fuera de Ca�n, Abel y Set, y, sin embargo, veo yo all� muchas criaturas entre ellos y siempre de a pares, es decir ni�os y ni�as. Lo mismo se lee en la primera Ep�stola de San Pedro de solo ocho personas que estaban en el arca; es decir, los cuatro patriarcas con sus mujeres, de los cuales descendieron todos los dem�s despu�s del diluvio. Al ni�o Hom tambi�n lo he visto en el arca, yaciendo en una artesa de cortezas, sujeto firmemente con una ligadura de pieles. He visto despu�s nadando muchas de estas artesas de cortezas, como cunas de ni�os, acabado el diluvio. He visto tambi�n en los huecos y en las habitaciones de piedras y ladrillos estas cavidades llenas de cunas de ni�os. Los lechos de los jud�os estaban generalmente en las cavidades de las paredes.
Cuando el arca se levant� sobre las aguas y los hombres sub�an sobre los techos, �rboles y monta�as, y se ve�an ya muchos cad�veres y �rboles flotando sobre las aguas, No� y los suyos estaban ya seguros dentro del arca. A�n antes de entrar No� con su mujer y sus hijos y las mujeres de sus hijos, en el arca, pidi� a Dios misericordia para los hombres. Retiraron el puente al interior y cerraron finalmente la puerta tras de ellos. Todo lo abandon�; tambi�n parientes cercanos, con hijos peque�os, ya que �stos se le hab�an retirado cuando fabricaba el arca. De pronto se desencaden� un temporal sin precedentes; los rayos ca�an sobre la tierra como columnas de fuego y los torrentes de las aguas ca�an como arroyos que se precipitaban de lo alto. La colina sobre la cual estaba el arca, pronto se convirti� en una isla. La calamidad fue entonces tan grande que yo creo que muchos se habr�n convertido siquiera por temor.
He visto a un demonio negro, de espantable aspecto, cruzar la oscura tempestad induciendo a los hombres a la desesperaci�n. Sapos y serpientes buscaban refugio en alg�n rinc�n del arca. No he visto entonces ni mosquitos ni insectos; estos aparecieron despu�s, para castigo y calamidad de los hombres.
He visto a No� ofreciendo sacrificios sobre el altar, cubierto de lienzos blancos y colorados. Ten�a No� en una caja redonda varios huesos de Ad�n, que posaba sobre el altar cuando rezaba y hac�a sacrificios. He visto sobre su altar el c�liz que us� despu�s Nuestro Se�or en la �ltima Cena; este c�liz le hab�a sido tra�do a No�, mientras fabricaba el arca, por tres seres de larga y blanca vestidura, como los tres hombres que aparecieron a Abraham para anunciarle el nacimiento de su hijo. Hab�an venido de una ciudad que despu�s del diluvio se hundi�, y hablaron con No� expres�ndole que, ya que era hombre de fama, deb�a llevar dentro del arca ese c�liz, que encerraba un misterio grande, para que no se perdiera en el desastre del diluvio. En el c�liz hab�a un grano de trigo grande como una semilla de mirasol y una ramita de vid. No� meti� ambas cosas en una manzana amarilla y los puso dentro del c�liz, que no ten�a tapa. Deb�a crecer esa rama y brotar hacia fuera. M�s tarde he visto este c�liz en poder de un descendiente de Sem, que vivi� despu�s de la dispersi�n de Babel en el pa�s de Sem�ramis y que fue padre de los Samanes, los cuales fueron sacados por obra de Melquisedec del poder de Sem�ramis y trasladados a la tierra de Can�n, y llevaron consigo este c�liz misterioso.
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